Así me hago Pirata

Persimmon es roja y metálica. “Doesn’t take shit from anybody”. Usa mucho maquillaje, le gustan las chicas, y además sale a navegar -casi- con cualquiera. Es una barca pirata, con andar de anchas caderas que se mesen entre olas.

– “Me gusta esta barca pirata” Les digo a los chicos mientras horneamos pan en la cocina bien equipada de Persimmon. Ellos se ríen.
– ¿Porqué dices eso?
– No sé, sólo se siente tan bien.

Ian y yo intercambiamos poemas e historias durante el invierno, ya para el verano eramos mejores amigos. No sé como fui a parar ahí pero estaba escrito. Una coincidencia y otra y otra y de repente ya saltaba a bordo de Persimmon tan roja y chula como sólo ella. Es decir, ¿se puede vivir de otra forma?, la vida misma es un manojo de casualidades… porque ésta y no aquella, porque ahora y no después. ¿Porqué soy yo, y no otra?

Tehui  es una isla rocosa y pequeña, casi deshabitada. ¿Te dije estoy navegando con piratas? ya no recuerdo cuanto te he dicho o no. Ayer ignorando el cartel de Prohibido, fuimos a tierra. Había tantas hojas de árboles en los caminos, tan ancianas transparentes como velos de novia – nadie ha pisado aquí en bastante tiempo- Un grupo de Tuis cantaron, hicieron una reunión allá en las ramas, nos miraron hacia abajo decidiendo y luego se dispersaron. Vimos un árbol gigante de Pohutukawa y recolectamos ramas de Kawa Kawa para hacer té con ginger y limón – ya que somos piratas decentes – hablamos de poesía también a la hora del té.

Con Ian y su sobrino B buscamos tesoros. Traficamos con un montón de silencios y de sueños. Por la mañana los intercambiamos, a la tarde nos los regalamos y en la noche los tiramos por la borda para tornar a una extraña plática sobre el universo de los peces.

Me saco las palabras como si las jalara con una caña de pescar… me siento en un hilo de pensamientos que se van formando hasta “aturdirme de azulidades”. El viento disuelve cualquier duda,  recibo una carta dónde  L escribe: “es como si tuviera un secreto que nadie puede entender” y sé de que habla. Maremotos en el pecho y cumulu nimbus.

Hemos navegado por la noche
y al amanecer ya se perfila entre las sombras un volcán y sus humos.
Hay un volcán humeando ahí afuera mientras tomo uno siesta.
Hay un volcán activo que veo por mi ventanilla mientras cocino avena con canela.
Hay un volcán-isla entre fumarolas, piedras calizas y rojas.
No hay prisa, tomo mi avena, mi café a pies alzados,
y el volcán fabrica nubes a unos cuantos metros de agua más allá, y parece contento.

Otro día pasa y me doy cuenta que,
para ser pirata  sólo hay que saber vivir entre la niebla.

 

Photos: Ian walking in the volcano island. New Zealand, Nov. 2014

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