Categoría: Veleros

mayo 11 / Diario
¿Qué hay más allá de la comida de mi abuela? Chilito verde con tortillas recién echadas, canela y humo. Truenos estrepitosos acercándose, levantando el polvo. El Calimán y la Paloma, estirándose despacio bajo el sol. Las nopaleras que lo invaden todo. Como una vez lo hizo el mar.
Hay días en que vuelvo a ver ese mismo mar. Y les escribo o me escriben, les muestro fotos de la casa, del maestro de obra, de César nuestro trabajador de mi y de ella cortando nopales levantando piedras y me dicen ¡ha Tulia! viéndome desde ese otro mundo.
Y yo sé desde dónde me hablan: desde aquél azul, ese que sólo está ahí invadiéndolo todo, piel pegajosa de calor, humedad en los pulmones y en el aire, esa liviandad de flotar ligero y sentir un vientito que te mese para dormir.Todo eso supongo son memorias o recuerdos o que sé yo, ya no sé como nombrar a todo aquello.
Hoy por ejemplo recuerdo a M y su manera de seducir tan de sonrisas tan de así nomás, esa noche manejé el dinghy hasta el puerto del bar, los tambores, el trópico, las ballenas, me conquistó en una noche, me fui con ella sin que yo me diera cuenta. Recuerdo también a Tom y a mí, una pareja extraña de descalzos por los puertos, y yo dejando de ser yo.
Siempre voy a pertenecer a ellos, y como al mar, a ese mundo uno no vuelve, se deja volver.
Foto: Tom VanDyke, a través del pacifico.
julio 11 / Veleros

¿Regresas a México en avión o en velero?

Que me puedan preguntar esto significa que ahora existen para mí las opciones.

-En avión, esta vez en avión.

Compré un ticket que me lleva de regreso en un vuelo de treinta y tantas horas pero llegar a aquí me tomó un viaje de casi un año. El mundo puede ser un lugar bizarro.

Ayer soñé que salía de isla, que L me llevaba al aeropuerto y mi pasaporte estaba vencido y no sabía si México me reconocería como suya.

He cambiado tanto. Ya no recuerdo siquiera el sabor de los tacos.

Me compré un ticket de vuelta porque dije: “la comida de mi abuela” pero ya no sabía de lo que hablaba, estoy dejando de recordar para inventar y eso me da un poco de miedo.

Dejé mi casa, mis amigos, a mi hermano cuando aún era niño, a mi  sobrino cuando aún no hablaba, a mis perros cuando aún no eran viejos, a mi prima cuando aún era soltera, a mi abuelo cuando aún vivía; es decir los niños crecen, los viejos se hacen más viejos, la comida sigue comiéndose sin mi, los amigos emborrachandose y mis amigas se siguen casando con un asiento vacío que lleva mi
nombre.
Son los sacrificios grandes o pequeños de esos que nos vamos lejos y formamos pequeñas familias por doquier. Tenemos casas y perros, y rutinas del día, aunque sea para otros un lugar tan lejano y desconocido, para mi es cercano y familiar. Aquí tengo una pequeña familia, el viento me trajo Nueva Zelanda y  yo me tejí una vida.

Hablé por teléfono a mi abuela, se puso tan contenta, nos reímos
Abue, le dije, te marco desde mi cuenta de skype,
(aunque ella no sepa que es skype)
Me dice ¡hija!, todos los días pienso en ti;
y yo pienso, tantos kilómetros por detrás del mar
medio giro a la tierra nos separan
medio giro
pero te hablo y dices
¡hija! todos los días pienso en ti.

Entonces me dio hambre y me compré un boleto de avión.

#30díasdeRegreso

(Foto: A mitad del camino entre México y Nueva Zelanda 2013, Tom tomó ese screenshoot del GPS, tal vez era Bora Bora o Mopelia, una de esas invisibles islas)

mayo 28 / Veleros
Persimmon es roja y metálica. “Doesn’t take shit from anybody”. Usa mucho maquillaje, le gustan las chicas, y además sale a navegar -casi- con cualquiera. Es una barca pirata, con andar de anchas caderas que se mesen entre olas.