Categoría: Vida

noviembre 27 / Diario

Podría haber publicado fotos de Bangkok y el viaje a Tailandia que nunca planeé, selfies en el reino de Siam, los dorados, las flores y los castillos de dragones.

Podría haber publicado ese viaje Holbox en Junio cuando mi tío y los cachorros en medio del calor;  Luz y yo peleando a los mosquitos pero fingiendo una foto ideal con el azul turquesa detrás y el horizonte y el sol y hacerte sentir que aquí todo es perfecto, que no hay mosquitos, no hay alergias ni turistas invasivos en éste “paraiso”.

Podría haber compartido las fotos de Puerto Vallarta en Marzo, los gatos gordos, el malecón y el departamento entero con su aire acondicionado; aquí también fotos perfectas se recortarían en Photoshop, le alegraría la vista con una exposición mejor y aumentar los azules y los verdes, borrar ese bote de plástico en la arena, y potenciar la nitidez y el brighness, el contraste entre nosotros también.

Podría decirte que navegamos, que nos fuimos a San Francisco a ver al capitán Tom y a él le gustan las publicaciones al momento, de esa no nos escapamos. San Diego: en casa casi todos los días por el calor, el trabajo, y los perros.

¿Y los veleros? blancos, limpios y perfectos, mientras uno cocina en medio del oleaje y quieres vomitar el pesto con champiñones que te acabas de cenar; usas el motor en lugar de las velas, y también odias cocinar y lavar platos para toda la tripulación porque “te tocó”.  ¿Ser mujer en medio de hombres? y hasta aquí parece que se imponen las edades y los géneros.

¡Pero las fotos! haaa esas salen perfectas, el Mar de Cortéz siempre azul, el calor y los trajes de baño de estreno, los veleros al fin y al cabo siempre tienen que ser poéticos ¿he? ¿Qué me faltó? Valle de Bravo, el progreso de la casa con sus cuatro paredes, el crecimiento de los gatos, la aceptación al posgrado en Australia, las visitas a Guanajuato, los aeropuertos y las cabras, otra vez las cabras.

Parece que Facebook se quedó atrás, y las noches siguen siendo frías.

mayo 11 / Diario
¿Qué hay más allá de la comida de mi abuela? Chilito verde con tortillas recién echadas, canela y humo. Truenos estrepitosos acercándose, levantando el polvo. El Calimán y la Paloma, estirándose despacio bajo el sol. Las nopaleras que lo invaden todo. Como una vez lo hizo el mar.
Hay días en que vuelvo a ver ese mismo mar. Y les escribo o me escriben, les muestro fotos de la casa, del maestro de obra, de César nuestro trabajador de mi y de ella cortando nopales levantando piedras y me dicen ¡ha Tulia! viéndome desde ese otro mundo.
Y yo sé desde dónde me hablan: desde aquél azul, ese que sólo está ahí invadiéndolo todo, piel pegajosa de calor, humedad en los pulmones y en el aire, esa liviandad de flotar ligero y sentir un vientito que te mese para dormir.Todo eso supongo son memorias o recuerdos o que sé yo, ya no sé como nombrar a todo aquello.
Hoy por ejemplo recuerdo a M y su manera de seducir tan de sonrisas tan de así nomás, esa noche manejé el dinghy hasta el puerto del bar, los tambores, el trópico, las ballenas, me conquistó en una noche, me fui con ella sin que yo me diera cuenta. Recuerdo también a Tom y a mí, una pareja extraña de descalzos por los puertos, y yo dejando de ser yo.
Siempre voy a pertenecer a ellos, y como al mar, a ese mundo uno no vuelve, se deja volver.
Foto: Tom VanDyke, a través del pacifico.
octubre 18 / Diario

Hace un año que volví a México, me recuerda Facebook en un intento de preservar las memorias del olvido. ¿A dónde va a parar el tiempo? Recuerdo que el Rancho estaba tan verde, y después de 3 años sin verlo, aún más.
-Este año la cosecha se dió, llovió hasta Octubre.
Decía mi abuela y yo la veía con una familiaridad tan extraña. Encaminada con ella pase unas semanas, como siempre que aterrizo en mi ritual de volver… pero para ella, extraordinario no era el día de volver, era un día como todos los días, de despertar a la madrugada, dar de comer a los animales, juntar la leña.
-La cosecha se dió tan bien. Continuaba diciendo, y yo sabía que lo que quería decir era: Estoy feliz de que volviste, como la cosecha después de un ciclo de crecimiento. Ha! ese lenguaje de los que nos queremos.

Volver a México es aterrizar en una brusquedad desordenada, en una tierra que tiembla y truena seca y dura como el tepetate donde mi abuela anda por el cerro, grotescas son las piedras, selváticas las plantas, las flores crecen desordenadas, cómo y dónde pueden así como la gente. Aquí no hay los jardines perfectos y arreglados, aquí los matorrales ardientes, aquí los bichos que pican, aquí hay que caminar con cada ojo abierto porque los abrojos y las espinas y los cincuates y las arañas. Aquí para estar vivo hay que estar vivo. Realidad fantástica donde hasta los geranios aún en sus macetas se apoderan del espacio, se salen de los bordes, trepan por la pared a su antojo, en fin, crecen como les da la –chingada– gana.

Pero el tiempo, me pregunto después de un año, ¿a donde irán a parar tantas horas? a la familiaridad con la que te veo, a los centímetros que Emiliano creció este año, a las palabras acumuladas en cuadernos viejos, al dolor de muelas de mi abuela, al desgaste de mis zapatos ¿a donde van a parar todas las horas de extrañar a alguien? Que engañoso es el tiempo que parece que se va pero también parece que nunca pasó.