De distancias y de hogares…

{Día 14 de 30}

Esperaban por mi en la estación de Auckland. Salí del pueblo ondeando la mano derecha por la ventana a un grupo de ancianos que me veían  desde la parada del bus. Fue un viaje largo y un día lluvioso pero extrañamente cálido, me recordó a la época de la universidad cuando regresaba de Guanajuato a Irapuato al final de la semana y por la noche me iban a buscar a la estación.  Aquí, del otro lado del mundo, dos grandes hombres morenos maoríes esperan para llevarme (por enésima ocasión) a la casa de Cameron Street donde encontraríamos a sus tíos de visita, un trampolín extra en el jardín, una nueva lancha en el garaje, una patata creciendo en la ventana del living y dos pequeños gatos bebe saltando en el colchón donde duermo.

Y desde ese colchón en el living escucho las olas lamer las playas a lo lejos. Este sonido que forma parte entrañable de mi y no podría estar más presente… Ahora el pueblo y todo lo de ahí, las borregas, las montañas, han quedado desdibujadas en mi imaginación, como meter la mano en el bolsillo para buscar algo y sentir está vació. Pensar – ¿que no lo había puesto aquí? ¿los momentos? estaba segura de haberlos colocado en mi bolsillo derecho – ya no hay nada. Una mano vacía.

¿No es acaso todo acerca del “viaje interior”? y los “viajes exteriores”  como una forma más de ese viaje interior. ¿Porqué será que la gente viaja a ver países hermosos, lugares exóticos, tener experiencias? Es simple: para sentirnos ahí, para experimentarnos ahí, para vivirnos ahí.
¿Dónde se siente esa experiencia? ¿Dónde siento el paisaje que veo? ¿no será que lo siento adentro, en el pecho?
¿Dónde siento las calles del país extranjero por las que camino? ¿será acaso en mis propios pies?
¿Dónde se siente la comida exótica? ¿no será acaso en mi propia boca?
Y entonces viajamos para experimentar estas cosas pero en realidad se trata de uno mismo ¿no?  
Lo que buscamos es experimentarnos a nosotros mismos. Lo que buscamos  lo llevamos con nosotros.

Crucé la cuadra para ir a caminar por la playa y no reconocí el océano. Tal vez porque es un mar de invierno, porque es un mar frío, y llevo chaqueta, tenis que impiden sentir la arena entre los dedos, sin tibieza de sol, ni lo pegajoso del sudor bajo las axilas. ¡Claro!, hasta ahora no había visto el mar en invierno. Es curioso ver algo tan familiar y que a la vez se sienta nuevo. 

Los días que siguieron pasaron entre películas, caminatas en la playa y algunas salidas con los amigos de Thomas. Exclame ¡Tanta gente joven! lo cual resulto muy cómico. Con Leo damos el roll en auto por la noche. Conducimos la montaña para que se fumara un cigarrillo. Y con la vista de Auckland nocturno y ampliamente abrigados:

Podría llamarme homeless si se quiere ver de ese punto de vista… Le digo recordando el reportaje que vimos por casualidad sobre homeless en la cuidad.
– Risas de Leo.
– O bien… puedo decir que me siento en casa en todas partes.
Haha, you are funny Tulia. Thats true, you are definetely not homeless.
(Eres graciosa Tulia. Es verdad, en definitiva No eres homeless)
– Aunque bueno, ¡no dejo de extrañar los tacos al pastor!

Esos días entre las cartas que recibí y escribí, le digo a S:

Y entonces pienso, ¿Exactamente dónde uno  siente estar “en casa” o “ajena”?
Si esa sensación de estar en casa en realidad surge desde adentro de mi , ¿porque es “aquí” donde se siente no?
entonces… ¿será que alguna casa, país, grupo, nos da esa sensación de pertenencia o será que viene de algo adentro de nosotros?

Porque la verdad es que a la familia la siento cerca muchas veces desde lejos y algunas otras me sentí “distante” estando en la misma cuidad.

“The Heart does not know any distance or journeys.”

“El corazón no sabe de ninguna distancia o  viaje”

Photo: Auckland City from Mt. Eden

2 Comments

  1. agosto 8
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    Me identifico con cada una de tus palabras. A veces ese preguntarme: por qué pasar tanto trabajo, cargar mochilas, tomar buses, buscar quién me acoja, agudizar la atención por el idioma y el dialecto y el acento, y esa tensión cada vez que hay que reconocer el terreno? y todas esas cosas, si el viaje es hacia adentro? Si el viaje es la vida. Pero en esa incomodidad de renombrarnos, de sentirnos extrañas en lo que pensábamos familiar, ahí nos confirmamos. Renacemos. Le hacemos “pito catalán” a la muerte porque morimos y renacemos todos los días. Y completo con una frase de Kalil Gibran que es casi como un mantra: “We wanderers, ever seeking the lonelier way, begin no day where we have ended another day; and no sunrise finds us where sunset left us. Even while the earth sleeps we travel. We are the seeds of the tenacious plant, and it is in our ripeness and our fullness of heart that we are given to the wind and are scattered.”

    • agosto 8
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      Julieta! 🙂 justo se trata de eso, de “morir y renacer todos los días” si, antes me preguntaba justo para que pasar por tanto si bien puedo estar en el rancho de mi abuela comiéndome unos frijoles con tortillas jajaja. Y es curioso como podemos sentirnos “extrañas” en lo familiar y familiar en lo extraño, creo que hay una gran libertad en ello. Y no por eso se disfruta o se siente menos, si no se vive más intenso. Me gusta Kalil Gibran “El profeta” es lo único que he leído de el pero la introducción donde se va en el velero!! 🙂 bueno ni que decir.
      “it is in our ripeness and our fullness of heart that we are given to the wind and are scattered.” me la guardo.
      Gracias.

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