Día 17

De la maquina del tiempo y de cómo Tulia no se ha podido ir de Nueva Zelanda

Era por el día 17 cuando en la Embajada Mexicana  arrancaba la maquina de los pasaportes -ahora la Máquina del Tiempo-   Cuando todo parecía ir bien, de repente el humo salía de la oficina y todo parecía caerse abajo: un viaje, el regreso, la cita de la visa, la fiesta de graduación, los tacos a una semana de distancia, la casa de la abuela, la navidad…  Mientras en la sala de esperas habían pasado ya tres horas, en la oficina la Cónsul hablaba con el técnico que rescataría nuestras vidas.

Ascario (nombre real) por el altavoz al otro lado del teléfono, al otro lado del mundo, en México:

-¿Ya colocó los cartuchos de impresión?  No, pues intente limpiarle con un trapito… ahí donde están los cartuchos.

Silencio (con un tono de frustración)

Cónsul:

-Ya, ya lo intenté. Y sigue sin imprimir el pasaporte…

Ascario:

-No pues esta mal la impresora señora.

Cónsul:

– ¡Pero si es nueva! La mandamos a traer hace dos semanas…

Ascario:

-Nooo pues ijole, tiene que hablar con el de la fabrica, se la mandaron mal…

Tulia  por lo pronto en la sala de espera, deseando que esta fuera una historia inventada, hojeando el ancho libro de 2000 imágenes del DF que está reservado -sólo- para estos casos.  Sin WiFi, la batería del celular peligrosamente baja y mis botanas ya se habían acabado.

Después de cinco horas de espera, tres técnicos distintos, 118 dólares (porque todavía me cobraron!) y muchos suspiros de parto desde la oficina:  ¡Mi pasaporte!!!   Pero la espera de dos semanas ha pospuesto la cita de la visa, y Tulia tiene que cambiar su vuelo.

La máquina del tiempo dice que debo quedarme a ver el inicio de la primavera en esta isla, y mientras todas las flores florecen y  los corderos nacen y las playas se empiezan a llenar, yo me quiero ir. Me quiero ir, me quiero ir, me quiero ir.  Pero no. Al parecer desde que acepté que la vida es la que decide por mi, que ella va adelante y yo detrás, que ella da los pasos y y yo le sigo, que en la vida pasan cosas, y yo, las vivo…  desde que acepté que voy de copiloto disfrutando de los paisajes mientras la vida conduce desprevenida y a veces sin licencia y a veces en picada y a veces taaan lento que alcanzo a ver el rastro del movimiento…  bueno, desde que es así, me tomo todo esto como una broma sarcástica.

Ahora vuelve la incertidumbre de los tiempos y las certezas en el movimiento. Y digo voy pronto, eso digo…  pero ¡quien sabe!.

Be First to Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *