Día 20

Esto de soltar.

Quedan tres semanas. No es que sienta estrés, es que siento una profundidad que se acerca y me come, es la profundidad de dejar las cosas que conoces, porque aquí ahora se convirtió en lo conocido, esto, este país extraño y lejano es lo familiar, lo cómodo y querido. Hay una profundidad en el soltar, soltar las cosas como se sueltan las cuerdas de un velero y este tipo de profundidad trae certezas, inspiración, y ese sentimiento de ser arrastrada  hacia adentro como si del centro de la tierra se tratara, como una gravedad hacia el interior de uno mismo, hacía la reflexión, hacia la contemplación, hacia la apertura de vivir los momentos abiertos y palpables y en el presente, porque son los últimos y los únicos (aunque todo en la vida es de por sí así: único) esto de dejar hace más consciente esa parte de nosotros que siempre está con nosotros y hace más palpable la parte de nosotros que puede cambiar: las cosas de alrededor, la ropa, los paisajes, la comida, lo que me gusta aquí (la quietud y tranquilidad) por lo que me gusta allá (el movimiento y los colores),  esas y todas las otras cosas que se me pegan a la identidad de quién soy. La profundidad de poder irme, es la profundidad de saber que no soy lo que está aquí o allá, si no lo que está adentro. Y eso, es estar libre.

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