Día 21

Tal vez me inventé el invierno para quedarme en cama, los mapas como excusa para saltar fronteras y los bordes como excusa para escribir. Tal vez me inventé los amantes como excusa del amor, y tal vez nos inventamos los nombres para podernos nombrar a nosotros mismos. L me pregunta mientras nos miramos ¿eres otra de verdad o es que eres yo?

– Las dos cosas, respondo.  

¿No te has dado cuenta de que nunca, nunca en tu vida vas a poder ver tus ojos como yo los estoy viendo? nunca vas a conocer tu propio olor como yo lo conozco porque para ti ya es tan familiar que no lo puedes distinguir.  

Es que, tal vez teníamos que ser dos (o muchos) para podernos mirar las caras, olernos y para poder sabernos, porque, si fuera sólo uno, nunca se vería a sí mismo. ¿cómo pudiera conocerme a mi misma sin la experiencia de ser yo?

Aún así, cuando te veo a los ojos me veo a mi.

Y ese es el misterio.

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