Día 23

¿Dónde está la entrada? Toco la puerta como si las palabras vinieran de afuera, como si las buscara al frente mío y pudiera hacerlas aparecer frunciendo el ceño y cerrando fuertemente los ojos.  – Ay, debo escribir hoy también- le digo a L.

Ayer no pude escribir  resulta que pensaba al revés y cuando pienso al revés no puedo escribir… ante mí veía lectores anónimos con sus ojos que escudriñan algo. Demasiado personal dice una voz allá atrás. Debo olvidarme de todo, para escribir hay que estar locos, para escribir hay que arriesgarse porque no se puede estar abierto sin dejar pasar a los de afuera, no toco la puerta, si no la abro para que entren.

Escribo para decir presente, solo para decir estoy aquí,  dejando pasar a quien quiera, dejando pasar a la inspiración si le da la gana, o lo que sea que se encuentre revoloteando por aquí, tal vez una idea, tal vez un cuento o un poema, tal vez nada, tal vez hoy en Napier solo hay un domingo cualquiera, de esos en los que nos quedamos abrazadas durmiendo hasta tarde.  Tal vez simplemente hoy se hizo para que escribiera de nuestra vida en la casa de Napier, tal vez para que dijera cosas como: cocinas muy rico, me gustan tus zapatos, y esas botitas cafés que tienes. Porque la verdad es que en los últimos días cuando pienso en escribir de algo sólo pienso en escribir de ti. ¿Por qué hablar de estas cosas aquí? Porque -afortunadamente- en la literatura como en la poesía es válido hablar de cualquier cosa, de la muerte de la mosca, del arte de perder, de los veleros que parten, del silencio y las casas, de los pájaros en la boca. En la literatura y en la poesía tampoco sabemos cuánto es realidad y cuánto parte del folklore, o de la intensidad de decir algo en nuestro propio código secreto, como  dice M “me masturbo y no me da miedo” y pienso en mi niñez y pienso en lo que pensaba cuando escribió esto pero ¿quién sabe exactamente?

El lenguaje es una cosa que fragmenta al mundo, dice “yo” y “tu” a lo que es lo mismo, ponemos los nombres y los tiempos y ahí nace la fragmentación. Sin embargo la poesía es lo contrario, la poesía es romper esas líneas, romper ese  lenguaje y el orden para crear otro universo de cosas ilógicas e irracionales que revuelcan a la mente, la pervierten o la dejan de lado, porque la poesía no se lee con la interpretación se lee con el sentimiento y la emoción.  Así es como dejó la puerta abierta de la entrada, porque para saber escribir hay que escribir, para saber nadar hay que meterse al agua,  para saber amar hay que dejarse ir en el amor.

#30díasdeRegreso

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