Día 24

Que la máquina que hace pasaportes se rompió,

que me dicen hoy en la Embajada de México, que regrese otra semana a la capital en Wellington, que el señor técnico está haciendo reparaciones, que no saben cuando, que somos tan mexicanos hasta en Nueva Zelanda.

Ayer empaqué, dejé a los cachorros en casa, me despedí de L, tomé un bus de algunas horas, me levanté temprano, me puse mi mejor pantalón o los jeans más decentes que tengo y me planté ante ese edificio de la esquina con la pequeña bandera de México al frente. Entré no sin un leve susurro que me decía ¿y si me preguntan? “-Si me preguntan, pues les contesto” decía ese otro susurro más claro que el primero.

¿Que qué hago aquí, que cómo llegué, pero si ya te hiciste un nido,  te apropiarse las raíces y las ramas, te bebiste el agua del mar, te comiste todas las cosas ricas, la pasaste bien con las más guapas, te adoptaron como familia maorí, y ahora si, quieres tu pasaporte mexicano… Pues la máquina que hace los pasaportes, ¡se rompió!

No hubo preguntas, ni tampoco me sorprendió lo de la máquina. ¿que podría ser más mexicano que esto? Ha mi país querido de las cosas tardes, los sin-sentidos, los ilegales, los políticos, el protocolo, y esa forma de hablar de los más diplomáticos disculpándose. Que puedo decir, que le voy a poner una velita al técnico que hace las reparaciones, así, a la mexicana, y que a ver que pasa.

#30díasdeRegreso

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