Día 25

Pasó el domingo y el lunes y ahora está pasando el martes mientras veo los segundos a las 11:59 llevándose de mí un día más en este país, en esta casa en esta cama, en el invierno, contigo.
Hay un misterio emocionante e intimidante (inspirador o aterrorizante) en no saber lo que sigue, en no saber lo que uno va a escribir a continuación. Dicen que uno de los más grandes errores del escritor es intentar saber lo que va a escribir con antelación, cuál será su próximo poema, su próximo escrito. Intentar saber lo siguiente que va a salir desde aquel lugar desde nos regalan flores (o gusanos) es intentar saber lo que traerá el verano, la lluvia o la vida. Entonces uno escribe y algunas veces (después de muchas líneas) escribe algo que se siente como a eso, como a eso justamente que se sentía y fue expresado con las palabras exactas y se siente tan bien, y uno se pregunta ¿podré hacer esto alguna vez de nuevo? Me pregunto cada vez que me siento ante el cuaderno o el teclado ¿cómo lo hice la última vez? No tengo ni idea, como tampoco tengo idea de lo siguiente que voy a decir, de lo siguiente que va a saltar sobre mí como un mono de entre la selva pidiéndome ser relatado, de lo siguiente que partirá como rayo o que caerá pesado como una mierda de vaca y no me gustará (porque a veces no me gusta pero de eso yo no tengo control). Tal vez deba dejar surgir las palabras y luego derramarme sobre ellas como un charco de sangre negra que brote de mi a borbotones y señale el inicio de todos los significados.
Algún día escribiré algo, algo como hoy y como esto pero será diferente. Escribiré las palabras correctas en el momento correcto en el tono correcto y además será todo sencillo, natural e inocente como respirar. Cuando escribir sea como respirar dejaré de hacerlo.
Me hará.

#30díasdeRegreso

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