El club de mujeres

{Día 10 de 30}

No, no es lo que uno imaginaría en primer lugar…  Parada frente a un grupo de 40 viejitas en una casa antigua tomando té. Y en términos de Taumarunui, pueblillo entre montañas de Nueva Zelanda… este es un Club de Mujeres. Y hoy se reúnen a escuchar a la plática de una mexicana que llegó por supuestas casualidades… me pregunto si esto será solo de apariencia y hay razones más misteriosas detrás de la reunión de tantas viejitas… tal ves hacen secretas planeaciones para invadir el pueblo con postres, plantar flores en las esquinas e intercambiar todos los manteles de plástico del único café del pueblo por bordados de colores… tal ves inclusive organizan una reunión anual de intercambio de recetas secretas. O incluso podría terminar convertida en un ratoncillo blanco al finalizar el almuerzo como en aquella película de brujas.

Con todo y eso vine… media hora antes de que fueran por mí a la casa me dí un baño rápido, busque algo que vestir decentemente: camisa formal, cinturón, pantalón, zapatos.. todo negro y gris. ¿Y me atreví a preguntarme si no estaría yo “muy arreglada”? Las viejitas parece que han sacado sus joyas y vestidos de al menos 20 años de antigüedad, y un día a la semana el Club de Mujeres les da una excusa para engalanarse… Pero,

¿Qué les interesa saber a un grupo de ancianas de Nueva Zelanda sobre mi?

En cuanto entré me inundó un olor riquísimo de comida. Sirvieron una crema de calabaza y pies… cada cual habló de su propia receta con o menos pimienta pero todas estuvieron de acuerdo en que no tendrían ni que  lavar  los platos.

La señora Ruth se sienta a mi lado, la única de cabello negro pues la mayoría lo llevan blanco y esponjoso como las nubes de este país. Es la pollita de 74 años del grupo vestida con una larga falda negra y botas… cuatro o cinco aretes en cada oreja y tiene una forma de hablar juvenil, “Hey darling, so better you come and sit rigth here, he… un tono golpeado pero amable, de esas mujeres que no se guardan preguntas ni pasan vergüenzas. Unos ojos intensos azules grises…

-“Y ya tienes un marido hija?” me pregunta.
– No, les digo… todas rieron
– más vale que disfrutes ahora que eres libre querida.
– No sé si me voy a casar…
– Tal ves si conoces al correcto 😉
– hmm… (ruedo los ojos)… no, no lo sé. Digo riendo – Y no saber es tal vez peor que decir no, porque si una mujer dice “no” es “si” y “si” muchas veces es “no”… pero si digo “no lo sé”… Más risas en la mesa.
– Querida tendrás que hablar fuerte en tu presentación porque la mitad de aquí están casi sordas. ¿Estás nerviosa de hablar en público?
-Nada, les digo. Pienso que sería más fácil estar nerviosa cuando te lo tomas personal o quieres dar alguna impresión de algo. En este momento no me interesa dar impresión de nada, más que lo que surge hablar y  por supuesto no llevo ni una sola palabra pensada de antemano.

Me levanto, me pongo al frente – las historias con guiones y ordenes quedan atrás, hay una espontaneidad en esto y es que los ángulos, los espacios, y las palabras ahora son otras en cada momento. Cuentos distintos de una misma cosa. Entonces salgo disparada hasta la mesa en la casa de mi abuela recogo olores, especias, la vista desde la ventana y hasta la propia ella y los traigo al salón de estar en esta casa antigua donde las ancianas kiwis – a ochocientos mil kilómetros de México – la pueden conocer, se las presento entonces a mi abuela Rosa.

En México comemos a las tres de la tarde! No como en NZ que cenan como plato fuerte… parecen divertidas… de ahí seguiría un río de cosas curiosas… hasta llegar al día de muertos les digo en México es un día colorido (y por mi mente pasa por un segundo la idea de estar tocando algún tema sensible pues ¿cuanto pensaran en la muerte viejitas de esta edad? casi quiero preguntarles pero apenas olvido el tema al minuto…

-¿Cómo son las casas? ¿tu familia conduce un auto?
-¿Qué idioma se habla?
-¿Es Nuevo México parte de México?
-¿Cómo son las bodas?
-¿Cuantos hijos tienen?
-¿Y los ancianos?
-¿entonces vienes de una familia rica? (¡Muchas risas después de esto! jajaja al menos no rica económicamente le digo)

-¿como llegaste aquí? ¿cómo se cocina en un barco? ¿te dio miedo ir con un extraño?

Les platico un poco de “porqué” y “como” viajo de forma lenta, algo sobre veleros y cuidar casas… pero lo que surge realmente aquí es cuando les digo: la verdadera razón por la que puedo viajar de esta forma es por la confianza. La confianza entre extraños. Varias de ellas me ven con ojos de mamá orgullosa, me río… Al final abrazos y buenos deseos de muchas de ellas…  

Hay estas cosas en las que me meto… y duermo temprano porque mañana me quieren llevar !al grupo de ejercicio!


¿Qué es el Desafío Creativo 

Es una Dinámica  que se originó en Caminomundos.  El desafío es escribir una entrada de Blog durante 30 días seguidos, pueden ser escritos, poemas, fotografías, etc. ¿Te animas?

AQUÍ: Es un experimento de escritura /creatividad donde mezclo mis diarios… a veces escribo del presente y otras veces comparto mis viejos diarios, los que escribí mientras vivía en un velero por un año.

2 Comments

  1. julio 3
    Reply

    Podrían armar un “club de la pelea”, que te parece? Jaja las quiero ver pelearrrr!

    • julio 3
      Reply

      jajajaja hayy nooo ya me las imaginé!!! jajajaja

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