Escribo para regresar

 Hace años tuve la sensación de que quería vivir en una isla. La idea me vino de no sé donde como no sé de donde vinieron los barcos o vino L. Las personas a tierra me dijeron que debía de ser muy valiente o algo estúpida.

Y… si, ahora lo creo.

Mi amigo K es autista, tiene venititantos, es un chico maorí de labios gruesos y trabaja como contorsionista de circo. Toca una guitarra hermosa de cuerdas suaves y un violín viejo. Su padre le enseñó música clásica, y nunca fue a la escuela. ¡El mismo lo dice! es un poco raro y no podría tener un trabajo “normal”.

-¿Sabes lo que es el autismo?
-Si, le respondo
-A pues yo tengo mucho de eso en mi.
-¿En qué parte del cuerpo lo tienes? Bromeo con el y nos reímos…

Es distinto dice, ser estúpido y saber que estás siéndolo, a ser estúpido y no tener idea de que estás siendo estúpido. Al momento lo comprendo. Supe que no estaba loca en ese punto critico de mi vida porque estaba consciente de estar loca, de hacer las cosas distintas y sin sentido y sólo por el placer de hacer lo que sentía.

¿Y quién está loco?
Acaso no todos tenemos una voz en la cabeza que nos habla… y esa no será la locura?
¿O estaré más loca yo por ignorarla?

¿Es acaso el estar conscientes  lo que nos permite tener ese poder de… discernir?

 

explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome

Alejandra Pizarnik

 

¿Y el escribir?  Es observarme haciéndome. Como un estado diferente de estar conscientes, dónde no sólo me observo a mi misma pero observo alrededor, lo de fuera lo de adentro y también me sorprendo de lo que llega de algún otro lugar.

Estoy consciente. Ahora. Estoy en mi cama, tengo una lámpara encendida, vivo en el número 10 en un pequeño pueblo cerca al mar y en Nueva Zelanda ya es invierno. He pasado por un par de pueblos, he estado con piratas y paseado por Napier donde tembló dos veces. Vendí ropa tailandesa y viví junto al lago más grande del país. Fui de campamento, me bañe en el mar desnuda, estuve en una cueva llena de luces, recibí a alguien en una casa que paracía un velero.

De repente un punto.
De repente el punto y me detengo.

Mientras ayer iba por la carretera, a la madrugada… Por un instante sentí que podía capturar el instante. Que podía apropiarme de él. Mientras las líneas de la carretera pasaban y se hacían una sola continua línea blanca sentí que podía bajar la velocidad para verlas de a una, y entonces diseccionar esta continuidad de la vida con algún cuchillo extraño, con algún bisturí cósmico para poder ver y apropiar el instante. Pero lo cierto es que cuando digo i de instante, este ya pasó.

Una ilusión. Un poema que empecé a escribir en la mente.

A veces me pasa así. A veces me escucho pensar como si escribiera y sin darme cuenta algo se está formando ya. A veces un par de palabras parecen ser el anzuelo que sacan toda una corriente o una serpiente o una espiral… y así van llegando. Como ahora. Siento que me vomito un poco…

Hoy desperté por la mañana en esta casa y ya era invierno. Ya era invierno y yo no tenía ropa. Me escapo por la ventana tan despacio, que parece que aún estoy aquí. Espero a que el café este listo mientras te espero. El invierno nos llegó tan deprisa que todos los días parece navidad.

Damos siempre pasos hacia adelante,
pero estamos regresando.

 

*Foto: Navegando abordo de Persimmon, saliendo de Auckland. Nov 2014. 

Be First to Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *