Estoy despierta en una Isla

Despierto, el sonido del mar al chocar con el arrecife es lo primero de lo que soy consciente antes de abrir los ojos. Ha… ¡Si!, pasa un minuto antes de que me recuerde a mi misma: estoy en una isla, vivo en un barco, en medio del Océano Pacífico. Me llamo Tulia.

Navegué en un barquito velero por un mes para llegar a este lado del mundo. Ya pasaron seis meses desde que inicié esta aventura sin saber (literalmente) que rumbo tomaría. Hoy estoy en una isla de la Polinesia Francesa tomando un descanso “a tierra” del barco y un descanso del movimiento constante, hoy despierto en la madrugada en una casita frente al mar y piso el pasto y escucho los grillos…  es  ahora que despierto y me doy cuenta de lo que he pasado… y está pasando.

Intente explicar (no ayudó que fuera en francés) lo que había sido vivir un mes a mar abierto, y como resultado tuve que cambiar de tema, aunque fuera en español hay cosas que no se pueden explicar así nomás…  tal vez si escribiera un poema y me agotara de palabras que de alguna forma pudieran transmitir  la inmensidad, el azul profundísimo, el verdadero silencio, y el infinito de un horizonte. Un día tal vez le encuentre sentido a esos diarios que escribí en el océano, por ahora me parece que todo fue un sueño tan profundo como el mismísimo Pacífico. Y es que un mes en un velero de 9 metros, en un espacio que se convierte en tu pequeño planeta, no solo es un mes… son todas las semanas de ese mes,  es cada día de todas las semanas  y cada hora de cada día del mes… es todo-momento… en el  océano y en movimiento constante.

Desde hace  tiempo quería escribir sobre como es vivir… hmm ¿a bordo?… no, más bien en el borde… de países, de islas, de mundos. Cuando viví en Europa quise escribir para amigos, familia, gente que me pregunta tanto. Sin embargo, lo  postergue porque quería “hacerlo bien” mi perfeccionísmo que se relaciona(ba) a mi gusto por la “investigación científica” me obsesionaban con detalles que nunca dejaron que estuviera lista ni una página. Además porque en la “Vida Profesional” se me ha considerado como gente seria y las gentes serias no escriben de islas o de viajes o de mundos… las gentes serias publican artículos en revistas de investigación.

Hoy no me importa.

Desperté con una indiferencia extraña y cansada de “decisiones”, de pensar y pensar que sigue, que viaje, que isla, que proyecto, que persona, que trabajo, que idioma…  bueno pues hoy puedo bailar y ser la reina del ridículo.

Photo by Tom Van Dyke
Photo by Tom Van Dyke

Pues bien, hoy estoy en Raiatea, la “Isla Sagrada” como es llamada, pues es la isla más misteriosa de la Polinesia. Hace un día y muchos años fue el centro de la cultura y religión de “El triangulo polinesio” que incluye las islas alrededor de Tahití (hoy Polinesia Francesa), Hawai, y Nueva Zelanda. Como menciona el escritor Paul Theroux en “The happy islands of Oceanía”, más que un océano,  el pacífico es como un universo, y un mapa luce como el retrato de la noche, como si el cielo y la tierra se hubieran invertido… así es el pacífico, como el espacio exterior, una inmensidad de vacío lleno de puntitos de islas que tintinean como estrellas.

Aquí en Raiatea es donde llegue de nuevo a un bordecito, a una necesidad de sentarme, sentarme en la tierra y olerla. Tenía  una necesidad de soledad y no hacer nada, quedarme quieta por un momento… pues vivir  en el barco ha sido de muchas cosas, juegos, personas, idiomas y paisajes… pero sobretodo movimiento.  Tanto que no he ido dentro y ver lo que está cambiando, y aunque tengo los lapsos de navegar entre una isla y otra que son lapsos de silencio… el mar me tiene hipnotizada con su profundidad y  cuando despierto ya estoy en otra isla, en otro mundo.

Pensaba en contar como “decidí” ir en barco; cuándo pensé que era imposible, cuando un día agarré mi mochila y me fui a la costa; o como arreglamos los preparativos y las provisiones; cuando descubrí  este tipo de vida y las grandes historias y personajes que he conocido. Quería contarlo desde principio y en orden como mi cerebro

acostumbrado

a la metodología me decía… y luego supe que no, que mi vida es mucho más (o mejor dicho, menos) compleja  que un principio y un orden, que el sentido del tiempo se ha desvanecido entre olas. Así que empiezo con este momento, ahora. Hoy tal vez no sea un artículo con referencias,  ninguna validación de expertos tuvo lugar, y estoy llena de “Bias” (sesgo).   Esta vez se trata solo de la primera palabra. Una palabra que escribo y que comparto sobre este extraordinario viaje en la pequeña isla que muchos llamamos “Tierra”.

Be First to Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *