Navegar montañas no es tarea fácil…

Se veían los señalamientos verdes y rojos de la entrada, les seguí con la mirada desde proa, avanzamos por el río y al poco ya subíamos y bajábamos por el monte abierto… ¡las borregas nos miraban como si nunca hubieran visto un pobre barco en su vida!

Vamos cuidado no arrollar las buganvilias que crecen en el jardín, una confusión total pues no se sabe si medir en kilómetros, en millas o en nudos. Pescar también se vuelve una tarea ingeniosa, soltamos el hilo con cuidado de no cachar un pez con patas, cazando un pedacito de horizonte aquí y allá, pues ahora son preciosos esos espacios amplios. Así nos enfilamos por una vereda chiquita chiquita para esquivar el tráfico de las 5 y sobretodo cuidarnos, de no naufragar entre las multitudes.

Los más desconcertados debo decir, además de las gaviotas, son los marineros. Despertar abordo en tierra, mirar por las pequeñas redondeadas ventanillas y ver carros, hierba, jardines y perros. Un amanecer estático, la aparente quietud del mundo. Uno se levanta se estira y ya piensa en bombear el inodoro cuando te acuerdas !de que caerá debajo!

El único sabor a sal que queda por acá es el del propio cuerpo, en el Boat Yard – talacheando veleros:
Pásele pásele le hacemos la talacha le limpio la quilla, le saco las algas restantes de la temporada pasada, le pinto, le pongo cortinas de florecitas, le arreglo la linea de agua… para que parezca más ligero… le limpio el ancla, le arreglo las cuerdas, le pulimos la madera y hasta la cadena… voy poniendo el antifel al ritmo de una cumbia. Lo único que me hace falta es el calendario de la primera dama…

A la noche todo parece desierto, los veleros enfilados como estatuas,  se delatan uno a uno por sus pequeñas luces encendidas… a lo lejos los marineros descansan con los pies cansados, con los restos de pintura y fierro entre las uñas, tal ves, como nosotros, se toman un té verde mientras dejan que la lluvia les refresque y les arrulle… anclados en la tierra, más que anclados, recostados.

La luna es el único faro que encandila hoy. Viento sóplame. Cántame de tu infancia eterna, las notas de los tiempos… delata con tu voz el movimiento de la tierra, ondas de calor y frío que van de un lado al otro por la costa.

Los días parecen bailar el mismo baile de siempre,
“todo es lo mismo bajo el sol”

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