Nana de las Islas Cook

Su nombre en el idioma de las islas es Gna Tu Gnane, pero dice que le diga Nana. La conocí cuando iba perdida en mi bicicleta explorando los alrededores de Hastings.  Un pequeño terrenito entre dos campos industriales de la carretera Napier Rd, y su colorido letrero que decía “Manzanas frescas”, “Ciruelas sabrosas” “… y algo del pacífico”.

Líneas y líneas enteras de árboles rebosantes de peras y manzanas; las ramas se escurrían hacía abajo por el peso y el rojo se derramaba al suelo. Rojos y verdes cubrían el pasto, por un momento pensé “qué desperdicio”, entonces una voz dijo:
– Es comida de insectos. Ellos también comen.

Era una mujer alta, morena, con una sonrisa chimuela y ojos pícaros. Una mujer de las islas del pacífico,  como mi amiga Pootu de la Polynesia Francesa. Estaba relajada, con los codos sobre su pequeño mostrador, una cabañita de madera llena de bolsas con manzanas, peras y ciruelas.

Nos pusimos a platicar de Nueva Zelanda y de cómo había llegado yo por coincidencia.

Soy de Aitutaki, ya sabes, la gente de las Islas Cooks también somos cuidadanos de Nueva Zelanda.
-¡Se exactamente donde es! Exclamé recordando esa noche de tormenta en el velerito En Pointe cuando fue imposible entrar a la pequeña isla/atolón porque hacía mucho viento, era de noche, las olas altas y nuestra única opción era esperar afuera, a la deriva mientras se hacía de día. Porque a Aitutaki se debe entrar durante el día por el peligro de chocar con el arrecife.

Aitutaki es una de esas islas invisibles al mapa, un paraíso diminuto que mide 12km de ancho y viven 2 mil personas.

-Mis abuelos son de la Polinesia Francesa. Hay una gran reunión familiar en Tahití y por eso estoy vendiendo mis frutas. Estoy ahorrando. Dijo sonriendo todavía más.

De repente me vi regresar a las pequeñas islas y esa amabilidad tan grande de las personas. Tengo nostalgia del mar, le digo.

– Yo también la tuve, yo también. Si no tienes dónde vivir puedes quedarte aquí, tal vez necesites un poco de dinero , comida, porque aquí no hay esas cosas de “tú” comida y “mi” comida. Aquí como la tradicíon en mi casa es que todos comemos lo mismo y juntos. Aquí no se fuma y no se toma. Si necesitas dónde dormir puedes regresar.

– Mi hija trajo a una amiga latinoamericana. Ella y su novio eran ilegales, pero su novio fue deportado porque lo encontraron haciendo problemas en un bar. Se quedaron en la casa y luego J quería que la adoptara, pero ya estaba muy grande para ser adoptada, era brasileña…

Caminamos entre los árboles, ella seguía cortando manzanas y yo la seguía. – Soy enfermera también, le digo. Pero no he trabajado como enfermera en un tiempo, mi mamá al principio estaba preocupada por mi seguridad y mi futuro y mi retiro… ya sabe, pero luego dejo de preguntarme. Me gusta trabajar, si, pero no quería…

-No quieres terminar atrapada. Ella completó. – Entiendo, he… yo entiendo. Yo antes trabajaba mucho, 8 a 10 horas por día, cuando recién llegué. Acabé tan cansada y dormía todo el tiempo restante. Hasta que lo deje. No necesito mucho para vivir.  Dijo y se echó a reí, esta vez sin tratar de ocultar la ausencia de sus dientes.

– No sé como la gente tiene tanta energía, yo a veces me cansó. Le digo.

Mira es muy fácil. Me dice:   Mucha gente tiene dos o tres trabajos porque les gusta tener cosas materiales, quieren comprar cosas, quieren la tele más moderna, el auto más lujoso, el nuevo teléfono, ropa en cada temporada… bueno si quieren eso, pues ahí esta su motivación, entonces necesitan trabajar mucho. Si uno no necesita todas esas cosas nuevas, pues…

-Hmm. No lo había pensado tan… así.  Contesté yo.

Y ella me miró y sonrió con sus sólo 4 dientes.

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