Tulia Gonzalez Posts

mayo 7 / Desafío Sweet

Los días aquí han sido dados a la música. Una cuerda, un pitch, presiono la sexta en el cuarto traste que con el capo sería la primera, la segunda y la tercera en la segundo también. Uno, dos, y tres… se ha formado una melodía muy conocida. Había pensado que era más difícil… como todo lo que no se hace y cuando se hace se descubre de que se trataba “solo de hacerlo”.

Bajo un nuevo libro: singing for dummies. Río con el gato y lo miro con ojos de disculpa de antemano pues… mi única compañía tiene el oído amplificado para escuchar pasos de ratón. No te culpo Misha si huyes por el medio día y regresas a la tarde, cuando yo ya me harté de notas y de “E menores” “Gs”, “Cs” y los dedos rojos. Me grabo cantando y tocando para ver y escuchar a Tulia.

Tengo la costumbre de encontrar una esquina en la alfombra de cada casa, una donde me tiro con la computadora abierta, la guitarra o un libro y me camuflajeo con el tapiz y los sillones, me adueño del rincón y paso absorta horas en cosas absurdas. 

Aquí en la casita de Paihia. Una esquina donde le llegan los rayos del sol por la tarde frente al ventanal que tengo bien abierto, para que el viento me ponga los vellos de punta pero el sol me entibie la piel que llevo desnuda. ¡Revolución  he dicho! con el torso y el pecho al aire, por el balcón pasa el sol de derecha a izquierda. Otro día.

Salgo al marcado,  una casa en construcción y trabajadores Kiwis con piernas gruesas shorts cortitos, aquí se ve que la practica del Rugby los tiene en forma, pero estos albañiles no chiflan como en México aunque tal vez no les haría el feo.

Este pueblo me recuerda a Veracruz… por la humedad, las casas de colores a cada montaña, y el mar a los pies. Río de lo absurdo de la mente al tratar de encontrar siempre un parecido o comparación con lo conocido,con una referencia.  Un chico de sonrisa coqueta me dice dónde queda y al final regreso cargando una lechugota como un ramo de flores: con esto me alimento por un par de días. Me siento a ver el mar y los cielos abiertos de este lugar, cuidadosa de que los tres dolares con los que compraré la comida de mañana no se salgan del bolsillo.

¿Cuanto tiempo pasa? Ha… Si… Si. Estoy. Todo lo que existe en este momento es la sensación de Estar. No de ser algo-alguien, si no solo de Estar.

Estoy inmersa horas en cosas absurdas. ¿Ya te lo dije? En algún lado leí que todos podíamos decir cosas absurdas, lo malo es decirlas en tono solemne… me río para mi entonces cuando publico esto de la página web. Un nuevo juego. No se bien como funcionaría pero como todo en la vida… las piecitas se va cayendo como tetris para encajar unas con otras hasta caer en su propio lugar. ¿Y qué digo? como si todo tuviera que caer en su “propio” lugar cuando más bien es el hecho de haber caído “ahí” lo que lo hace ” su propio lugar”.

Cosas absurdas: despertar y sin recuerdos de ayer, tentar mi cuerpo para ver quien está acá. Hornear un pan a media noche con la receta de las alemanas. Traducir videos a español soloporquesi. Que me sienta en constante enamoramiento y no haya nadie… más que la vida en sí misma.

Y por supuesto que escriba sin un propósito en particular, más que por el gusto.

¿Qué es el Desafío Sweet?

Es una Dinámica Creativa que se originó en Caminomundos.  El desafío es escribir una entrada de Blog durante 16 días seguidos teniendo una meta que va más allá de la escritura.

AQUÍ:

16 Posts/Escritos personales para… simplemente por hacerlo.
16 Acciones para promover o movilizar un negocio de consultoría de investigación.
2 Idiomas
Un “veamos que pasa”

mayo 4 / Desafío Sweet

Algo que “siempre” estuvo aquí no puede tener inicio. Pero puede, sin embargo ser reconocido, des-cubierto. ¿Cierto?
– Me había estado quitando la envoltura. Como le dije a un chico ayer por la tarde.

Solo porque hoy tengo los ojos brillantes. Sin motivo en particular, objetivo o desafío. Habrá tal vez un nombre al final de estos 16 días de escritura continua. No hay nada de suspenso o filosofía en esto, simplemente no puedo nombrar nada, los nombres parecen hechos de vapor. No es ninguna genialidad tampoco, creo que más bien es ausencia de un propósito en específico (¡O de ideas si así se quiere ver!).

Los nombres:  Lugares, países, personas, amores, mares, el nombre de Tulia. Todos con su propósito de no tener propósito. Es curioso que está página tenga el nombre de “Tulia González” y al mismo tiempo sienta que ¡Eso! veo una especie de impersonalidad en la personalidad: Tulia González es un proyecto-página-persona. Le doy el nombre a algo más, Yo me quedo como solamente Yo… Sweet no name: Dulcemente sin nombre.

Hay ideas, a veces, pero no son necesarias. Hay energía, a veces para hacer cosas, para escribir, traducir, para hacer trabajo de investigación… la mente se entretiene con cosas pero no son necesarias. Y tampoco son analizadas. Se suelta, y se deja que se convierta en lo que se tenga que convertir. Hay acción en la no acción. E incluso el no planear, el soltar, la renuncia, pierde su importancia también.

 

Digo: Vamos a hacer algo de consultoría, algo “profesional” dentro de toda mi levedad, y aun así confío en que de alguna forma loca lo puedo hacer y si no, también esta bien…

Digo: Vamos a escribir en el desafío de Caminomundos… y ahora no hay palabras pero pienso que las palabras estarán ahí cuando estén y si no… está bien también.

Digo: Vamos a vivir en una casa por un par de meses… y confío en que tendré dinero para vivir ahí… pero si no, esta bien también.

 

Entre tanto movimiento algo está muy quieto, algo es reconocido en contraste con este FONDO (background) inmutable. De poquito se fueron poniendo piecitas para nada en particular y por nada en particular. Solo para hoy respirar aire de un otoño en el hemisferio sur. Solo para hoy despertarme por la mañana y salir al porche a tomar un café al sol. Solo para que hoy en la oscuridad me metiera en la bañera y en el cerrar de ojos sea CONSCIENTE de haber desaparecido,  de haberme fundido.  Es increíble no sentir el límite entre la piel y lo de “afuera” entre la piel y el agua de la bañera… ¿dónde empieza una y termina la otra?

– Los días se hicieron los mismos, pero las cosas siguen pasando en ellos. –

No hay que nombrar por ahora. Por ahora los nombres pueden quedarse flotando en la neblina. Por ahora sólo digo:  Ahaa Si… Si Si.

¿Qué es el Desafío Sweet?

Es una Dinámica Creativa que se originó en Caminomundos.  El desafío es escribir una entrada de Blog durante 16 días seguidos teniendo una meta que va más allá de la escritura.

Aquí:

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16 Acciones para promover o movilizar un negocio de consultoría de investigación.
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Un “veamos que pasa”

abril 19 / Veleros

Cuando dijimos: nos hemos alejado de las palmeras, los mares aplaudieron con pájaros y olas. Había un cielo celeste bajo nuestras pestañas.  Lo imposible no ha de ser el camino a la taberna de la orilla. La camisa que palpitaba al viento era nuestra enseña de estrellas…

abril 19 / Polinesia Francesa
Reaparecer en el mundo después del parpadeo de un mes.  Tiempo que fue vivido en “ningún lugar” pues no hubo una noche que se durmiera en las mismas coordenadas geográficas que la noche anterior.

abril 18 / Veleros

Salgo de mi contemplación porque me balanceo de un lado a otro,  pongo la tapa de mi taza. ¡Hay! esos botes turistas que pasan tan cerca y vienen haciendo sus olas y sacudiendo mi café y lanzando a un lado mi baguette con mermelada. Que irrespetuosos ¿no ven que aquí vive gente?  Vuelvo  a ensimismarme…

Hay recuerdos que son como rendijas, son grietas en el tiempo, son puertas… son momentos que evocados nos transportan, son una catarata. Son vivirlos de nuevo. Hoy un recuerdo me inunda.

¿Hay algo que se pueda llamar “inicio”?

1.  Hoy regresé al momento en el que supe por primera vez que alguien había cruzado el atlántico en un barco velero. ¡¿un velero?! ¿El atlántico? ¿Semanas en el mar? ¿Una mujer y… sola? Impresión, incredulidad, asombro, una sacudida y al final una sensación de “DARME CUENTA” de algo.  Yo vivía en San Francisco. Ese día fui en bici a visitar la bahía… ahí abajo del Puente Golden Gate vi los triangulitos blancos que hacían líneas imaginarias en el agua… que impresión, se veían tan pequeños y tan frágiles como barquitos de papel que el viento puede voltear de un soplido.  Y sin embargo era posible…

 

Tambores ahí adentro

Ha, estoy de nuevo en la Polinesia, allá a tierra se ven los chicos que ensayan para la competencia de danza. Se escuchan tambores y ukuleles.  Veo el ensayo de baile como un vecino por encima de la cerca,  pero estoy en uno de esos barquitos que (literalmente) un día navegaba en San Francisco.

¿Qué pasó de ese día en la bahía al momento de ahora que los conecta como si fueran universos paralelos?

2.  Cuando trabajaba en Ginebra, fui a visitar a varios amigos en Alemania. Pao se casó con Daniel y el es de Berlín, pasé una semana con ellos. En una de las cenas, el casi por casualidad mencionó que había sido tripulación en un velero por 6 meses en el Caribe.  Que había renunciado a su trabajo como arquitecto, dejado su casa y todo… que sus antiguos compañeros habían colocado una foto en la oficina de él navegando en el Caribe, con la nota al pie: “mejor empleado del mes” mientras ellos vivían uno de los inviernos más fríos de Alemania.  Volví a sentir ese revoltijo en la pansa. Lo sentí más cerca. Ahora conocía a alguien de “la vida real” que lo había hecho.

 

Hambre de algo

¿Toca el almuerzo entonces? Acá en el barco se sabe que es hora de comer cuando da hambre, pues no hay horarios, y ¿Que importa si es entre semana o fin de semana? Caliento lo restante de la cena de ayer y regreso a donde estaba…

3.  Durante mi estancia en Europa fui encontrando lo que para mí fueron pequeñas señales,  esas coincidencias viajeras que uno intenta leer como los gitanos leen las manos.  Visité Marsella, una ciudad donde el mar es importantísimo, es el puerto más grande del mediterráneo, estuve caminando, viendo los barcos, y supe de un chico que por Internet encontró puesto como tripulación. Olesia, de Ucrania me dijo que se había certificado para “velear” pequeños barcos y después Ola, de Polonia también. Las llene de preguntas, quise investigar pues ahora lo sentía como una posibilidad real.

 

Viene el  sol a la isla

Hemos estado esperando “el clima”, pues es el “invierno polinesio” y ha hecho mucho viento. Allá afuera del arrecife el mar esta agitado. Si en un barco la hora y los días no importan, el dios del clima es el que dicta. Llevo un par de días sin salir ni a la esqui… perdón, sin ir a tierra. Así que agarro el “dinghy” (barquito inflable con motor) y manejo al puerto, salto a tierra y hago un rápido nudo en forma de tiburón.

4. Me voy por otra grieta. Recuerdo estar en República Checa en la cocina de la casa muy vieja donde viví con mis amigos Maga y Rami de Argentina. Reíamos y hacíamos cualquier cosa en Internet, cuando yo dije:   – ¡ya sé que voy a hacer! Como voy a vivir en un velero, justo ahora voy a aprender a hacer nudos. Con actitud seria me metí a Youtube para ver un tutorial… que 5 minutos después abandoné. Reíamos. Sin embargo, ese día “tuve una certeza” como diría Maga. Yo estaba segura de que un día lo haría, no sabía cuándo o cómo pero estaba segura.

 

Salgo del sendero

Camino por la isla y me dirijo a la montaña, – ¡Ia ora na!  – ¡Bonjour!  me encuentro con niños diciéndome “buenos días” en tahitiano y en francés. Empiezo a subir y me dan ganas de salirme del caminito marcado con piedras. Doblo a la izquierda y me pierdo entre los arboles.

5.  Cuando regresé a México me preguntaban qué es lo siguiente que haría… yo entonces respondía con un tono de normalidad: “hmm, me voy a ir a vivir a un barco velero” Soy de la parte centro de México, nunca antes me había subido a un velero, y en el país no hay una cultura de navegar de esta forma. Sonó a una locura entonces, pero yo tenía esa confianza. Llegó enero, hice mi mochila, me despedí y me fui a la costa de México. Decidí hacer un camino diferente, crear mi propia forma de experimentarlo y me lancé al vacío.

 

 Yo Estoy Aquí

Regreso al barco, aprovecho la calma para tocar la guitarra.

Miro alrededor de esos metros cuadrados de madera en los que estoy flotando. Amo la sensación de vivir flotando en agua, agua en movimiento.

Me siento ligera, leve, fugaz, momentánea… como espuma de las olas.

abril 16 / Polinesia Francesa

Despierto, el sonido del mar al chocar con el arrecife es lo primero de lo que soy consciente antes de abrir los ojos. Ha… ¡Si!, pasa un minuto antes de que me recuerde a mi misma: estoy en una isla, vivo en un barco, en medio del Océano Pacífico. Me llamo Tulia.

Navegué en un barquito velero por un mes para llegar a este lado del mundo. Ya pasaron seis meses desde que inicié esta aventura sin saber (literalmente) que rumbo tomaría. Hoy estoy en una isla de la Polinesia Francesa tomando un descanso “a tierra” del barco y un descanso del movimiento constante, hoy despierto en la madrugada en una casita frente al mar y piso el pasto y escucho los grillos…  es  ahora que despierto y me doy cuenta de lo que he pasado… y está pasando.

Intente explicar (no ayudó que fuera en francés) lo que había sido vivir un mes a mar abierto, y como resultado tuve que cambiar de tema, aunque fuera en español hay cosas que no se pueden explicar así nomás…  tal vez si escribiera un poema y me agotara de palabras que de alguna forma pudieran transmitir  la inmensidad, el azul profundísimo, el verdadero silencio, y el infinito de un horizonte. Un día tal vez le encuentre sentido a esos diarios que escribí en el océano, por ahora me parece que todo fue un sueño tan profundo como el mismísimo Pacífico. Y es que un mes en un velero de 9 metros, en un espacio que se convierte en tu pequeño planeta, no solo es un mes… son todas las semanas de ese mes,  es cada día de todas las semanas  y cada hora de cada día del mes… es todo-momento… en el  océano y en movimiento constante.

Desde hace  tiempo quería escribir sobre como es vivir… hmm ¿a bordo?… no, más bien en el borde… de países, de islas, de mundos. Cuando viví en Europa quise escribir para amigos, familia, gente que me pregunta tanto. Sin embargo, lo  postergue porque quería “hacerlo bien” mi perfeccionísmo que se relaciona(ba) a mi gusto por la “investigación científica” me obsesionaban con detalles que nunca dejaron que estuviera lista ni una página. Además porque en la “Vida Profesional” se me ha considerado como gente seria y las gentes serias no escriben de islas o de viajes o de mundos… las gentes serias publican artículos en revistas de investigación.

Hoy no me importa.

Desperté con una indiferencia extraña y cansada de “decisiones”, de pensar y pensar que sigue, que viaje, que isla, que proyecto, que persona, que trabajo, que idioma…  bueno pues hoy puedo bailar y ser la reina del ridículo.

Photo by Tom Van Dyke
Photo by Tom Van Dyke

Pues bien, hoy estoy en Raiatea, la “Isla Sagrada” como es llamada, pues es la isla más misteriosa de la Polinesia. Hace un día y muchos años fue el centro de la cultura y religión de “El triangulo polinesio” que incluye las islas alrededor de Tahití (hoy Polinesia Francesa), Hawai, y Nueva Zelanda. Como menciona el escritor Paul Theroux en “The happy islands of Oceanía”, más que un océano,  el pacífico es como un universo, y un mapa luce como el retrato de la noche, como si el cielo y la tierra se hubieran invertido… así es el pacífico, como el espacio exterior, una inmensidad de vacío lleno de puntitos de islas que tintinean como estrellas.

Aquí en Raiatea es donde llegue de nuevo a un bordecito, a una necesidad de sentarme, sentarme en la tierra y olerla. Tenía  una necesidad de soledad y no hacer nada, quedarme quieta por un momento… pues vivir  en el barco ha sido de muchas cosas, juegos, personas, idiomas y paisajes… pero sobretodo movimiento.  Tanto que no he ido dentro y ver lo que está cambiando, y aunque tengo los lapsos de navegar entre una isla y otra que son lapsos de silencio… el mar me tiene hipnotizada con su profundidad y  cuando despierto ya estoy en otra isla, en otro mundo.

Pensaba en contar como “decidí” ir en barco; cuándo pensé que era imposible, cuando un día agarré mi mochila y me fui a la costa; o como arreglamos los preparativos y las provisiones; cuando descubrí  este tipo de vida y las grandes historias y personajes que he conocido. Quería contarlo desde principio y en orden como mi cerebro

acostumbrado

a la metodología me decía… y luego supe que no, que mi vida es mucho más (o mejor dicho, menos) compleja  que un principio y un orden, que el sentido del tiempo se ha desvanecido entre olas. Así que empiezo con este momento, ahora. Hoy tal vez no sea un artículo con referencias,  ninguna validación de expertos tuvo lugar, y estoy llena de “Bias” (sesgo).   Esta vez se trata solo de la primera palabra. Una palabra que escribo y que comparto sobre este extraordinario viaje en la pequeña isla que muchos llamamos “Tierra”.