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agosto 23 / 30 días de regreso

¿Dónde está la entrada? Toco la puerta como si las palabras vinieran de afuera, como si las buscara al frente mío y pudiera hacerlas aparecer frunciendo el ceño y cerrando fuertemente los ojos.  – Ay, debo escribir hoy también- le digo a L.

Ayer no pude escribir  resulta que pensaba al revés y cuando pienso al revés no puedo escribir… ante mí veía lectores anónimos con sus ojos que escudriñan algo. Demasiado personal dice una voz allá atrás. Debo olvidarme de todo, para escribir hay que estar locos, para escribir hay que arriesgarse porque no se puede estar abierto sin dejar pasar a los de afuera, no toco la puerta, si no la abro para que entren.

Escribo para decir presente, solo para decir estoy aquí,  dejando pasar a quien quiera, dejando pasar a la inspiración si le da la gana, o lo que sea que se encuentre revoloteando por aquí, tal vez una idea, tal vez un cuento o un poema, tal vez nada, tal vez hoy en Napier solo hay un domingo cualquiera, de esos en los que nos quedamos abrazadas durmiendo hasta tarde.  Tal vez simplemente hoy se hizo para que escribiera de nuestra vida en la casa de Napier, tal vez para que dijera cosas como: cocinas muy rico, me gustan tus zapatos, y esas botitas cafés que tienes. Porque la verdad es que en los últimos días cuando pienso en escribir de algo sólo pienso en escribir de ti. ¿Por qué hablar de estas cosas aquí? Porque -afortunadamente- en la literatura como en la poesía es válido hablar de cualquier cosa, de la muerte de la mosca, del arte de perder, de los veleros que parten, del silencio y las casas, de los pájaros en la boca. En la literatura y en la poesía tampoco sabemos cuánto es realidad y cuánto parte del folklore, o de la intensidad de decir algo en nuestro propio código secreto, como  dice M “me masturbo y no me da miedo” y pienso en mi niñez y pienso en lo que pensaba cuando escribió esto pero ¿quién sabe exactamente?

El lenguaje es una cosa que fragmenta al mundo, dice “yo” y “tu” a lo que es lo mismo, ponemos los nombres y los tiempos y ahí nace la fragmentación. Sin embargo la poesía es lo contrario, la poesía es romper esas líneas, romper ese  lenguaje y el orden para crear otro universo de cosas ilógicas e irracionales que revuelcan a la mente, la pervierten o la dejan de lado, porque la poesía no se lee con la interpretación se lee con el sentimiento y la emoción.  Así es como dejó la puerta abierta de la entrada, porque para saber escribir hay que escribir, para saber nadar hay que meterse al agua,  para saber amar hay que dejarse ir en el amor.

#30díasdeRegreso

agosto 20 / 30 días de regreso

Que la máquina que hace pasaportes se rompió,

que me dicen hoy en la Embajada de México, que regrese otra semana a la capital en Wellington, que el señor técnico está haciendo reparaciones, que no saben cuando, que somos tan mexicanos hasta en Nueva Zelanda.

Ayer empaqué, dejé a los cachorros en casa, me despedí de L, tomé un bus de algunas horas, me levanté temprano, me puse mi mejor pantalón o los jeans más decentes que tengo y me planté ante ese edificio de la esquina con la pequeña bandera de México al frente. Entré no sin un leve susurro que me decía ¿y si me preguntan? “-Si me preguntan, pues les contesto” decía ese otro susurro más claro que el primero.

¿Que qué hago aquí, que cómo llegué, pero si ya te hiciste un nido,  te apropiarse las raíces y las ramas, te bebiste el agua del mar, te comiste todas las cosas ricas, la pasaste bien con las más guapas, te adoptaron como familia maorí, y ahora si, quieres tu pasaporte mexicano… Pues la máquina que hace los pasaportes, ¡se rompió!

No hubo preguntas, ni tampoco me sorprendió lo de la máquina. ¿que podría ser más mexicano que esto? Ha mi país querido de las cosas tardes, los sin-sentidos, los ilegales, los políticos, el protocolo, y esa forma de hablar de los más diplomáticos disculpándose. Que puedo decir, que le voy a poner una velita al técnico que hace las reparaciones, así, a la mexicana, y que a ver que pasa.

#30díasdeRegreso

agosto 18 / 30 días de regreso

Pasó el domingo y el lunes y ahora está pasando el martes mientras veo los segundos a las 11:59 llevándose de mí un día más en este país, en esta casa en esta cama, en el invierno, contigo.
Hay un misterio emocionante e intimidante (inspirador o aterrorizante) en no saber lo que sigue, en no saber lo que uno va a escribir a continuación. Dicen que uno de los más grandes errores del escritor es intentar saber lo que va a escribir con antelación, cuál será su próximo poema, su próximo escrito. Intentar saber lo siguiente que va a salir desde aquel lugar desde nos regalan flores (o gusanos) es intentar saber lo que traerá el verano, la lluvia o la vida. Entonces uno escribe y algunas veces (después de muchas líneas) escribe algo que se siente como a eso, como a eso justamente que se sentía y fue expresado con las palabras exactas y se siente tan bien, y uno se pregunta ¿podré hacer esto alguna vez de nuevo? Me pregunto cada vez que me siento ante el cuaderno o el teclado ¿cómo lo hice la última vez? No tengo ni idea, como tampoco tengo idea de lo siguiente que voy a decir, de lo siguiente que va a saltar sobre mí como un mono de entre la selva pidiéndome ser relatado, de lo siguiente que partirá como rayo o que caerá pesado como una mierda de vaca y no me gustará (porque a veces no me gusta pero de eso yo no tengo control). Tal vez deba dejar surgir las palabras y luego derramarme sobre ellas como un charco de sangre negra que brote de mi a borbotones y señale el inicio de todos los significados.
Algún día escribiré algo, algo como hoy y como esto pero será diferente. Escribiré las palabras correctas en el momento correcto en el tono correcto y además será todo sencillo, natural e inocente como respirar. Cuando escribir sea como respirar dejaré de hacerlo.
Me hará.

#30díasdeRegreso