Etiqueta: camino de regreso

septiembre 1 / 30 días de regreso

Me voy
No me voy
Me voy
No me voy
Me voy?

La plática con la Embajada Mexicana ha resultado super cómica, ahora ya nos hablamos de tú me dice Tulia! No te vas a morir, justo pensaba en ti: tengo noticias sobre la maquina que hace pasaportes.
La maquina que hace pasaportes ya abordó su avión y viene en camino, dice que el viaje es duro y largo pero que viene con todas las ganas de funcionar, dice que llega el Lunes.
El martes aquí te quiero en la oficina.
¡Pero paciente! Porque hay que programarla y calibrarla y no sabremos si funciona hasta que hagamos el primer pasaporte: El tuyo.
Vente con tu café y paciencia, tal vez haya que hacer ajustes.

¿Por qué tenía que ser mi partida estresante y dramática y de último momento y no un “adiós” tranquilo y sereno, romántico incluso… ?

Opciones reales en este momento:
1.- Que la máquina funcione y tenga mi pasaporte y luego saque mi visa de transito y llegué de forma maratónica y barriéndome con una de esos finales estresantes en la línea de meta a cámara lenta. Y pueda comer tacos en casa de mi abuela.

2.-Que la máquina de pasaportes no llegué a tiempo.
3.- Que la máquina de pasaportes no funcione a tiempo.
4.-Que no me den la cita de la visa a tiempo, o peor que no me la den a tiempo.

Por lo cual cambiaría mi vuelo para llegar más tarde, o tendría que cambiarlo para pasar por otro país de ida, me perdería la graduación de mi hermana pero podría comer tacos en casa de mi abuela al final del día, y eso, siempre es bueno.

agosto 31 / 30 días de regreso

Entonces uno cree que se gradúa de soltador de amarras
Y en cada puerto se lleva una sorpresa,
por valiente tripulante, pirata o poeta,
cada muelle una distinta estrella, cada isla una atadura nueva,
Soltemos las amarras de la barca
Soltemos ligaduras de la mente, de las venas…
Y que zarpe el alma.

Foto: Llegando a Mt. Maunganui abordo de Persimmon. Nov 2014

agosto 29 / 30 días de regreso

Esto de soltar.

Quedan tres semanas. No es que sienta estrés, es que siento una profundidad que se acerca y me come, es la profundidad de dejar las cosas que conoces, porque aquí ahora se convirtió en lo conocido, esto, este país extraño y lejano es lo familiar, lo cómodo y querido. Hay una profundidad en el soltar, soltar las cosas como se sueltan las cuerdas de un velero y este tipo de profundidad trae certezas, inspiración, y ese sentimiento de ser arrastrada  hacia adentro como si del centro de la tierra se tratara, como una gravedad hacia el interior de uno mismo, hacía la reflexión, hacia la contemplación, hacia la apertura de vivir los momentos abiertos y palpables y en el presente, porque son los últimos y los únicos (aunque todo en la vida es de por sí así: único) esto de dejar hace más consciente esa parte de nosotros que siempre está con nosotros y hace más palpable la parte de nosotros que puede cambiar: las cosas de alrededor, la ropa, los paisajes, la comida, lo que me gusta aquí (la quietud y tranquilidad) por lo que me gusta allá (el movimiento y los colores),  esas y todas las otras cosas que se me pegan a la identidad de quién soy. La profundidad de poder irme, es la profundidad de saber que no soy lo que está aquí o allá, si no lo que está adentro. Y eso, es estar libre.