Etiqueta: desafío creativo

septiembre 15 / 30 días de regreso

De la maquina del tiempo y de cómo Tulia no se ha podido ir de Nueva Zelanda

Era por el día 17 cuando en la Embajada Mexicana  arrancaba la maquina de los pasaportes -ahora la Máquina del Tiempo-   Cuando todo parecía ir bien, de repente el humo salía de la oficina y todo parecía caerse abajo: un viaje, el regreso, la cita de la visa, la fiesta de graduación, los tacos a una semana de distancia, la casa de la abuela, la navidad…  Mientras en la sala de esperas habían pasado ya tres horas, en la oficina la Cónsul hablaba con el técnico que rescataría nuestras vidas.

Ascario (nombre real) por el altavoz al otro lado del teléfono, al otro lado del mundo, en México:

-¿Ya colocó los cartuchos de impresión?  No, pues intente limpiarle con un trapito… ahí donde están los cartuchos.

Silencio (con un tono de frustración)

Cónsul:

-Ya, ya lo intenté. Y sigue sin imprimir el pasaporte…

Ascario:

-No pues esta mal la impresora señora.

Cónsul:

– ¡Pero si es nueva! La mandamos a traer hace dos semanas…

Ascario:

-Nooo pues ijole, tiene que hablar con el de la fabrica, se la mandaron mal…

Tulia  por lo pronto en la sala de espera, deseando que esta fuera una historia inventada, hojeando el ancho libro de 2000 imágenes del DF que está reservado -sólo- para estos casos.  Sin WiFi, la batería del celular peligrosamente baja y mis botanas ya se habían acabado.

Después de cinco horas de espera, tres técnicos distintos, 118 dólares (porque todavía me cobraron!) y muchos suspiros de parto desde la oficina:  ¡Mi pasaporte!!!   Pero la espera de dos semanas ha pospuesto la cita de la visa, y Tulia tiene que cambiar su vuelo.

La máquina del tiempo dice que debo quedarme a ver el inicio de la primavera en esta isla, y mientras todas las flores florecen y  los corderos nacen y las playas se empiezan a llenar, yo me quiero ir. Me quiero ir, me quiero ir, me quiero ir.  Pero no. Al parecer desde que acepté que la vida es la que decide por mi, que ella va adelante y yo detrás, que ella da los pasos y y yo le sigo, que en la vida pasan cosas, y yo, las vivo…  desde que acepté que voy de copiloto disfrutando de los paisajes mientras la vida conduce desprevenida y a veces sin licencia y a veces en picada y a veces taaan lento que alcanzo a ver el rastro del movimiento…  bueno, desde que es así, me tomo todo esto como una broma sarcástica.

Ahora vuelve la incertidumbre de los tiempos y las certezas en el movimiento. Y digo voy pronto, eso digo…  pero ¡quien sabe!.

septiembre 1 / 30 días de regreso

Me voy
No me voy
Me voy
No me voy
Me voy?

La plática con la Embajada Mexicana ha resultado super cómica, ahora ya nos hablamos de tú me dice Tulia! No te vas a morir, justo pensaba en ti: tengo noticias sobre la maquina que hace pasaportes.
La maquina que hace pasaportes ya abordó su avión y viene en camino, dice que el viaje es duro y largo pero que viene con todas las ganas de funcionar, dice que llega el Lunes.
El martes aquí te quiero en la oficina.
¡Pero paciente! Porque hay que programarla y calibrarla y no sabremos si funciona hasta que hagamos el primer pasaporte: El tuyo.
Vente con tu café y paciencia, tal vez haya que hacer ajustes.

¿Por qué tenía que ser mi partida estresante y dramática y de último momento y no un “adiós” tranquilo y sereno, romántico incluso… ?

Opciones reales en este momento:
1.- Que la máquina funcione y tenga mi pasaporte y luego saque mi visa de transito y llegué de forma maratónica y barriéndome con una de esos finales estresantes en la línea de meta a cámara lenta. Y pueda comer tacos en casa de mi abuela.

2.-Que la máquina de pasaportes no llegué a tiempo.
3.- Que la máquina de pasaportes no funcione a tiempo.
4.-Que no me den la cita de la visa a tiempo, o peor que no me la den a tiempo.

Por lo cual cambiaría mi vuelo para llegar más tarde, o tendría que cambiarlo para pasar por otro país de ida, me perdería la graduación de mi hermana pero podría comer tacos en casa de mi abuela al final del día, y eso, siempre es bueno.

agosto 31 / 30 días de regreso

Entonces uno cree que se gradúa de soltador de amarras
Y en cada puerto se lleva una sorpresa,
por valiente tripulante, pirata o poeta,
cada muelle una distinta estrella, cada isla una atadura nueva,
Soltemos las amarras de la barca
Soltemos ligaduras de la mente, de las venas…
Y que zarpe el alma.

Foto: Llegando a Mt. Maunganui abordo de Persimmon. Nov 2014

agosto 29 / 30 días de regreso

Esto de soltar.

Quedan tres semanas. No es que sienta estrés, es que siento una profundidad que se acerca y me come, es la profundidad de dejar las cosas que conoces, porque aquí ahora se convirtió en lo conocido, esto, este país extraño y lejano es lo familiar, lo cómodo y querido. Hay una profundidad en el soltar, soltar las cosas como se sueltan las cuerdas de un velero y este tipo de profundidad trae certezas, inspiración, y ese sentimiento de ser arrastrada  hacia adentro como si del centro de la tierra se tratara, como una gravedad hacia el interior de uno mismo, hacía la reflexión, hacia la contemplación, hacia la apertura de vivir los momentos abiertos y palpables y en el presente, porque son los últimos y los únicos (aunque todo en la vida es de por sí así: único) esto de dejar hace más consciente esa parte de nosotros que siempre está con nosotros y hace más palpable la parte de nosotros que puede cambiar: las cosas de alrededor, la ropa, los paisajes, la comida, lo que me gusta aquí (la quietud y tranquilidad) por lo que me gusta allá (el movimiento y los colores),  esas y todas las otras cosas que se me pegan a la identidad de quién soy. La profundidad de poder irme, es la profundidad de saber que no soy lo que está aquí o allá, si no lo que está adentro. Y eso, es estar libre.

agosto 27 / 30 días de regreso

Tal vez me inventé el invierno para quedarme en cama, los mapas como excusa para saltar fronteras y los bordes como excusa para escribir. Tal vez me inventé los amantes como excusa del amor, y tal vez nos inventamos los nombres para podernos nombrar a nosotros mismos. L me pregunta mientras nos miramos ¿eres otra de verdad o es que eres yo?

– Las dos cosas, respondo.  

¿No te has dado cuenta de que nunca, nunca en tu vida vas a poder ver tus ojos como yo los estoy viendo? nunca vas a conocer tu propio olor como yo lo conozco porque para ti ya es tan familiar que no lo puedes distinguir.  

Es que, tal vez teníamos que ser dos (o muchos) para podernos mirar las caras, olernos y para poder sabernos, porque, si fuera sólo uno, nunca se vería a sí mismo. ¿cómo pudiera conocerme a mi misma sin la experiencia de ser yo?

Aún así, cuando te veo a los ojos me veo a mi.

Y ese es el misterio.

agosto 25 / 30 días de regreso

Cada casa que habito y abandono
es como cambiar una cáscara,
cambiar la piel, la forma, el color,
los aromas, los sonidos de la mañana
y la luz que entra por cada
ventana.
Cambiar de casa no es cambiar de hogar,
Es cambiar la cáscara del hogar.

 

#30díasdeRegreso

agosto 23 / 30 días de regreso

¿Dónde está la entrada? Toco la puerta como si las palabras vinieran de afuera, como si las buscara al frente mío y pudiera hacerlas aparecer frunciendo el ceño y cerrando fuertemente los ojos.  – Ay, debo escribir hoy también- le digo a L.

Ayer no pude escribir  resulta que pensaba al revés y cuando pienso al revés no puedo escribir… ante mí veía lectores anónimos con sus ojos que escudriñan algo. Demasiado personal dice una voz allá atrás. Debo olvidarme de todo, para escribir hay que estar locos, para escribir hay que arriesgarse porque no se puede estar abierto sin dejar pasar a los de afuera, no toco la puerta, si no la abro para que entren.

Escribo para decir presente, solo para decir estoy aquí,  dejando pasar a quien quiera, dejando pasar a la inspiración si le da la gana, o lo que sea que se encuentre revoloteando por aquí, tal vez una idea, tal vez un cuento o un poema, tal vez nada, tal vez hoy en Napier solo hay un domingo cualquiera, de esos en los que nos quedamos abrazadas durmiendo hasta tarde.  Tal vez simplemente hoy se hizo para que escribiera de nuestra vida en la casa de Napier, tal vez para que dijera cosas como: cocinas muy rico, me gustan tus zapatos, y esas botitas cafés que tienes. Porque la verdad es que en los últimos días cuando pienso en escribir de algo sólo pienso en escribir de ti. ¿Por qué hablar de estas cosas aquí? Porque -afortunadamente- en la literatura como en la poesía es válido hablar de cualquier cosa, de la muerte de la mosca, del arte de perder, de los veleros que parten, del silencio y las casas, de los pájaros en la boca. En la literatura y en la poesía tampoco sabemos cuánto es realidad y cuánto parte del folklore, o de la intensidad de decir algo en nuestro propio código secreto, como  dice M “me masturbo y no me da miedo” y pienso en mi niñez y pienso en lo que pensaba cuando escribió esto pero ¿quién sabe exactamente?

El lenguaje es una cosa que fragmenta al mundo, dice “yo” y “tu” a lo que es lo mismo, ponemos los nombres y los tiempos y ahí nace la fragmentación. Sin embargo la poesía es lo contrario, la poesía es romper esas líneas, romper ese  lenguaje y el orden para crear otro universo de cosas ilógicas e irracionales que revuelcan a la mente, la pervierten o la dejan de lado, porque la poesía no se lee con la interpretación se lee con el sentimiento y la emoción.  Así es como dejó la puerta abierta de la entrada, porque para saber escribir hay que escribir, para saber nadar hay que meterse al agua,  para saber amar hay que dejarse ir en el amor.

#30díasdeRegreso

agosto 18 / 30 días de regreso

Pasó el domingo y el lunes y ahora está pasando el martes mientras veo los segundos a las 11:59 llevándose de mí un día más en este país, en esta casa en esta cama, en el invierno, contigo.
Hay un misterio emocionante e intimidante (inspirador o aterrorizante) en no saber lo que sigue, en no saber lo que uno va a escribir a continuación. Dicen que uno de los más grandes errores del escritor es intentar saber lo que va a escribir con antelación, cuál será su próximo poema, su próximo escrito. Intentar saber lo siguiente que va a salir desde aquel lugar desde nos regalan flores (o gusanos) es intentar saber lo que traerá el verano, la lluvia o la vida. Entonces uno escribe y algunas veces (después de muchas líneas) escribe algo que se siente como a eso, como a eso justamente que se sentía y fue expresado con las palabras exactas y se siente tan bien, y uno se pregunta ¿podré hacer esto alguna vez de nuevo? Me pregunto cada vez que me siento ante el cuaderno o el teclado ¿cómo lo hice la última vez? No tengo ni idea, como tampoco tengo idea de lo siguiente que voy a decir, de lo siguiente que va a saltar sobre mí como un mono de entre la selva pidiéndome ser relatado, de lo siguiente que partirá como rayo o que caerá pesado como una mierda de vaca y no me gustará (porque a veces no me gusta pero de eso yo no tengo control). Tal vez deba dejar surgir las palabras y luego derramarme sobre ellas como un charco de sangre negra que brote de mi a borbotones y señale el inicio de todos los significados.
Algún día escribiré algo, algo como hoy y como esto pero será diferente. Escribiré las palabras correctas en el momento correcto en el tono correcto y además será todo sencillo, natural e inocente como respirar. Cuando escribir sea como respirar dejaré de hacerlo.
Me hará.

#30díasdeRegreso