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enero 1 / Poesía

¿Que hace uno, si un día despierta y tiene ya 30?

despiertas bajo las sábanas
y te recuerdas
a ti mismo que eres tú

en la oscura madrugada
abres los ojos
sin saber dónde y cómo
estás aquí

así se pasa el tiempo,
día con día, amaneces
sin saber el milagro que te mantiene
recordándote a tí mismo

¿habrá el día en que no me encuentre aquí?
como una vasija llena de aire
que se rompe

hasta que el tiempo lo permita,
seguiré ardiendo
en esta forma
bajo este nombre

 

octubre 18 / Diario

Hace un año que volví a México, me recuerda Facebook en un intento de preservar las memorias del olvido. ¿A dónde va a parar el tiempo? Recuerdo que el Rancho estaba tan verde, y después de 3 años sin verlo, aún más.
-Este año la cosecha se dió, llovió hasta Octubre.
Decía mi abuela y yo la veía con una familiaridad tan extraña. Encaminada con ella pase unas semanas, como siempre que aterrizo en mi ritual de volver… pero para ella, extraordinario no era el día de volver, era un día como todos los días, de despertar a la madrugada, dar de comer a los animales, juntar la leña.
-La cosecha se dió tan bien. Continuaba diciendo, y yo sabía que lo que quería decir era: Estoy feliz de que volviste, como la cosecha después de un ciclo de crecimiento. Ha! ese lenguaje de los que nos queremos.

Volver a México es aterrizar en una brusquedad desordenada, en una tierra que tiembla y truena seca y dura como el tepetate donde mi abuela anda por el cerro, grotescas son las piedras, selváticas las plantas, las flores crecen desordenadas, cómo y dónde pueden así como la gente. Aquí no hay los jardines perfectos y arreglados, aquí los matorrales ardientes, aquí los bichos que pican, aquí hay que caminar con cada ojo abierto porque los abrojos y las espinas y los cincuates y las arañas. Aquí para estar vivo hay que estar vivo. Realidad fantástica donde hasta los geranios aún en sus macetas se apoderan del espacio, se salen de los bordes, trepan por la pared a su antojo, en fin, crecen como les da la –chingada– gana.

Pero el tiempo, me pregunto después de un año, ¿a donde irán a parar tantas horas? a la familiaridad con la que te veo, a los centímetros que Emiliano creció este año, a las palabras acumuladas en cuadernos viejos, al dolor de muelas de mi abuela, al desgaste de mis zapatos ¿a donde van a parar todas las horas de extrañar a alguien? Que engañoso es el tiempo que parece que se va pero también parece que nunca pasó.

julio 11 / Veleros

¿Regresas a México en avión o en velero?

Que me puedan preguntar esto significa que ahora existen para mí las opciones.

-En avión, esta vez en avión.

Compré un ticket que me lleva de regreso en un vuelo de treinta y tantas horas pero llegar a aquí me tomó un viaje de casi un año. El mundo puede ser un lugar bizarro.

Ayer soñé que salía de isla, que L me llevaba al aeropuerto y mi pasaporte estaba vencido y no sabía si México me reconocería como suya.

He cambiado tanto. Ya no recuerdo siquiera el sabor de los tacos.

Me compré un ticket de vuelta porque dije: “la comida de mi abuela” pero ya no sabía de lo que hablaba, estoy dejando de recordar para inventar y eso me da un poco de miedo.

Dejé mi casa, mis amigos, a mi hermano cuando aún era niño, a mi  sobrino cuando aún no hablaba, a mis perros cuando aún no eran viejos, a mi prima cuando aún era soltera, a mi abuelo cuando aún vivía; es decir los niños crecen, los viejos se hacen más viejos, la comida sigue comiéndose sin mi, los amigos emborrachandose y mis amigas se siguen casando con un asiento vacío que lleva mi
nombre.
Son los sacrificios grandes o pequeños de esos que nos vamos lejos y formamos pequeñas familias por doquier. Tenemos casas y perros, y rutinas del día, aunque sea para otros un lugar tan lejano y desconocido, para mi es cercano y familiar. Aquí tengo una pequeña familia, el viento me trajo Nueva Zelanda y  yo me tejí una vida.

Hablé por teléfono a mi abuela, se puso tan contenta, nos reímos
Abue, le dije, te marco desde mi cuenta de skype,
(aunque ella no sepa que es skype)
Me dice ¡hija!, todos los días pienso en ti;
y yo pienso, tantos kilómetros por detrás del mar
medio giro a la tierra nos separan
medio giro
pero te hablo y dices
¡hija! todos los días pienso en ti.

Entonces me dio hambre y me compré un boleto de avión.

#30díasdeRegreso

(Foto: A mitad del camino entre México y Nueva Zelanda 2013, Tom tomó ese screenshoot del GPS, tal vez era Bora Bora o Mopelia, una de esas invisibles islas)