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octubre 6 / Nueva Zelanda
Nos teníamos que encontrar en un volcán. Esa pequeña isla nacida de una erupción. En la taquilla del ferry pido al chico un boleto de solo-de-ida para Rangitoto

*De México a Nueva Zelanda en velero. Ahora  transcribo desde tierra los diarios de un año en el mar.

01/Marzo/2013

Camino por el lujoso corredor del hotel en la mañana,  regresaba al muelle después de usar los baños. Con el cabello alborotado como siempre, cara de modorra, y shorts pijama paso frente la entrada del Mayan Palace, saco mi identificación y mi llave electrónica para abrir la puerta, entro al puerto. Camino rápido tarareando una canción “The Cat Empire” … we belive… we support… living life cuz live is short… la la la… Veo a Suzan y Kieth una pareja americana, retirados a la vida de mar a sus 65 años. Paso entre barcos azules, blancos, monohulls, multihulls, otros grandes de motor, saludo con la cabeza de ves en cuando, llego al final del muelle B40 dónde En Pointe, el pequeño trimaran amarillo, está atado. De un salto ligero subo a cubierta, tomó una manzana, pongo música, me siento de piernas cruzadas en la sombra y observo los dos grandes y relucientes yates a motor que tenemos por vecinos y como llevan trabajando en ellos todas las mañanas desde el día en que llegaron. !Ha, eso me recuerda! Por estos días yo estoy a cargo, siendo la única persona a bordo mientras Tom se fue de visita a US.

Así empieza un día normal en el muelle. A la mañana la gente de los veleros se filtra/inmiscuye al hotel para usar los baños antes de que los turistas en las cómodas habitaciones allá arriba despierten. Entonces se enciende la radio, se localiza el canal y se escuchan las noticias marineras a las 8am. Hoy yo hago el check in: “En Pointe, cambio”. Me hago un café mientras escucho los chismes del mundo de los veleros, el clima, quien se va y viene, quien vende por cuantos cocos una pieza de noseque.

¿Cuándo la normalidad fue invertida, y lo “diferente” ahora es “normal”?
No me dí cuenta que hablar de millas náuticas con los vecinos, de nombres de puertos, partes de barcos y listas de provisiones se estaba volviendo lo “normal” hasta el día en que desperté por la mañana sabiéndome flotando. Inmersa en este mundo.

Sería divertido empezar a llamar hogar al hotel Mayan Palace y su puerto. Aunque no muy lejos de una realidad. En estas semanas he ido cruzando mundos sin trámites fronterizos ni pasaportes sellados, mundos que no tienen lineas territoriales, que se colapsan en un sólo momento y punto geográfico...

Como la señora L que trabaja en el hotel. La escuché sorprendida hablar sobre sus viajes en varios países trabajando y mandando dinero a sus hijos. Ella tenía una visión distinta acerca de la gente de los barcos. Me platicó del tipo de marineros que pocas veces se les ve a tierra, que viajan en barcos cómodos y lujosos, que no necesitan casi de ayuda, de esos que van vestidos con todo el atuendo de marcas náuticas: playera de navegación, shorts, zapatos, reloj y hasta los calcetines de navegación.

Viven en distintos países, en distintos mares, pero siempre llevan su propio mundo acuestas, dentro, en su barco, donde comen y hablan lo mismo de siempre. No salen ni se enteran de lo que son los lugares que pisan y dicen que han conocido México después de pasar unas semanas tomando el sol. Lo único que cambian es la vista que se ve desde su ventana.

No es la geografía. En el Mayan hay el mundo del hotel lujoso con sus veleritos en el patio trasero, donde usamos una cubeta como baño.

No es la geografía. Aquí en Puerto Vallarta es donde pasé las vacaciones familiares de la niñez, incluso mi casa queda a unas horas… y sin embargo me siento tan lejos, como si ya hubiera arribado a nuevas tierras lejanas estando en el mismo México.

No es la geografía. Como dijo la señora L ” algunos marineros van por distintos países llevando su mismo mundo dentro, cambiando solo la vista desde sus ventanas”

No es la geografía. Ni tampoco la diferencia es vivir en velero o a tierra, o de ser “viajero” o “local”…

En el mismo punto geográfico hay tantos mundos donde las normalidades son intercambiables, en la misma esquina hay tantos mundos, en el mismo puerto hay tantos mundos.
Los distintos mundos están aquí, en este mismo instante, en uno mismo.

bach

*De México a Nueva Zelanda en velero. Ahora  transcribo desde tierra los diarios de un año en el mar.

17.Feb.2013
La Cruz de Huanacaxtle, Nayarit. México.

Entre barcos y costas, puertos y muelles, entre que me voy o me quedo, andando. Entre todo ese desmadre de coincidencias y nuevas personas, entre que conocí a un hombre de nombre Tom, que empieza con T como Tulia, como Tita y Tus y Tila allá en casa de mis padres. Entre que me ha dicho: voy a cruzar el pacífico y busco tripulación… la idea de Pablo sobre anunciarme por la radio dio resultado y entrevistamos al capitán del pequeño velero amarillo entre los dos… pero eso ahora no importa demasiado… entre que voy o no voy (pues apenas si lo conocí una vez y quien sabe si lo vuelvo a ver) entre todo eso… Recibí un pequeño mensaje de S el día de ayer: corazón… pienso en ti… quisiera verte un par de líneas para mí sonaron como poesía. Era una de esas tardes ligeras en casa de Aly -y cada uno de los chicos en busca de su propio velero- al día siguiente desperté con un corazón ardiente, inspirada, enamorada. Tenemos diferentes ritmos, y ciclos, y sólo me da curiosidad  cuando coincidiremos y  dónde nos volvamos a encontrar…

***

18.Feb.2013

La primera vez que vi a Tom fue en el barco de Pablo. Vino después de mi llamado por la radio, vino otro hombre también pero no me dio ninguna buena pinta así que me negué… aunque iba hacía sudamericana como yo quería. Vino entonces Tom, nos habló sobre su barco y yo no entendí mucho de términos (para eso le pedí a Pablo que me ayudara con la entrevista). Asumo que no hay ningún suicida y que si alguien quiere atravesar un océano tendrá plena confianza en si mismo como en su barco. Lo único que verdaderamente me importa es la persona y si me siento cómoda con el (pues ya vi que vivir en el velero de alguien se trata de compartir y convivencia antes que todo lo demás).

Lo primero que le dije antes que nada fue: No busco ninguna relación, ni la mínima posibilidad de ésta, ni la idea de algo, nada. Pues no quiero ir en medio del mar con viajes en la mente de si debo interpretar algo o si me siento extraña. (Y lo digo como si de verdad ya me fuera a embarcar en este viaje…) Sorprendido y riéndose me dijo que estaba más que de acuerdo pues no buscaba nada tampoco (pero hay que ser claras con estos marineros). Me dio buena impresión, buena vibra, neutral y tranquilo. También a Pablo le pareció así. Quedamos de ir a velear a una carrera por el día con su amiga- novia Linda. Le hablé por teléfono a mi mamá para suavemente plantearle la idea de su hija yéndose a una isla remota.

***

19.Feb.2013

Fui a velear con Tom y Linda. Esto esta pasando… esta pasando como las cosas que me han sucedido hasta ahora, que pasan sin que me de cuenta, que pasan y cuando volteo a ver, ya estoy allá, ya estoy yendo… ya lo estoy haciendo. Por eso me da impresión, y hasta un poco de miedo, porque así, suavemente, sin complicaciones, casi que sin querer, se están dando las cosas para que vaya al Pacífico, en dos semanas, tres semanas, Polinesia Francesa. Que impresión.

Al final me estoy dando cuenta de que no hay lugar a donde llegar. Ya estoy y siempre he estado en el lugar o situación como para ser plena, estar contenta. El paraíso siempre es donde estoy ahora, no importa donde sea este… No busco nada, me divierto, me gusta ponerme en situaciones que me mueven adentro o me ponen al borde y es dónde sale mi más yo (lo que sea que eso signifique). Sé que tal ves no es necesario hacer todo esto  pero es una forma de … viendo el mundo ver el mundo que llevo dentro.

S me escribió. Estuve muy feliz, como boba ayer y hoy en la mañana que sólo podía estar inmóvil pensando en ella y lo que escribió. Estuve sorprendida… Lo que me recuerda que últimamente mi nombre me da un sentimiento diferente que al de antes, Tulia, a veces ajeno, a veces me da un cariño o ahora como si fuera de una vida pasada, o como si fuera el nombre de alguien más, de alguien a quién conozco bien. 

***

20.Feb.2013

Esto está pasando. Realmente. Tom, Linda y yo fuimos al Octopus Garden dónde trabaja Aly y vaya sorpresa! Aly vino en velero de San Franciso pero resulta que se conoció con Tom y casi fue su tripulación. Coincidencia y buenas señales. Entonces al terminar de cenar, pedimos un vino y brindamos.
So, we are going? / Entonces estamos yendo? Dijo Tom.
Yes, we are going. Si, estamos yendo. Le dije. Salud.

No se qué me causa más exaltación: el hecho de estar haciendo ya planes para mudarme al barco o saber que S me quiere.

Le he escrito:

…¿Al final que importa? si ahora siento intensamente. Te amo de una manera muy libre, sin necesitar, sin agendas, sin querer que las cosas fueran diferentes, sin tenencia. Para mi no importa, al cabo son formas que se transforman… como amistad, hermandad, apasionamiento, ausencia, o enamoramiento… eso no es tan importante.

No hay ningún lugar al que llegar, ni nombre que perder


¿Qué es el Desafío Creativo 

Es una Dinámica  que se originó en Caminomundos.  El desafío es escribir una entrada de Blog durante 30 días seguidos, pueden ser escritos, poemas, fotografías, etc. ¿Te animas?

AQUÍ: Es un experimento de escritura /creatividad donde mezclo mis diarios… a veces escribo del presente y otras veces comparto mis viejos diarios, los que escribí mientras vivía en un velero por un año.

mayo 15 / Veleros

– ¿así que nunca te habías subido a un velero?

-No nunca

– ¿y quieres cruzar un oceano en barco?

– Hmm… pues si…

-¡Bueno, al menos sabes nadar!

 

Las personas estaban impresionadas porque yo venía de “la montaña” decían cuando les hablaba de Guanajuato. El vivir en velero  o navegar no es -aún- parte de la cultura en México, aunque en nuestra costa estén los puertos más conocidos para iniciar los viajes que cruzan el Atlántico y el Pacífico.

Yo sin embargo estaba más impresionada con la vida que lleva “la comunidad de marineros”, encontré todo tipo de personas en los barcos, gente con historias asombrosas de cómo llegaron a este estilo de vida, hombres que llevan más de 20 años viviendo en velero, parejas jóvenes que viven-trabajan-viajan de país en país de esta forma, familias con niños (donde los niños nunca han vivido a tierra), personas de diversos orígenes y países.  Descubrí también que la “comunidad de marineros”  es un pequeño grupo de personas alrededor de todo el mundo, se conocen entre sí y aún cuando no se conozcan, siempre se ofrecen ayuda.

 

Vivir a bordo de un velero es tener amigos donde quiera que haya otro velero. 

 

Llegue entonces a viajar y vivir a bordo de Romany Star. Pablo, el capitán necesitaba ayuda para llevar su velero de Barra de Navidad a La Cruz en Nayarit y yo aprendería lo básico de “velear”.  La primera impresión que tuve de un barco fue el reconocimiento del espacio donde se vive, parece todo tan compacto y cada cosa tiene un lugar específico y una forma de acomodarse pues cada rincón del barco esta bien aprovechado.

Después de eso viene el reconocer el espacio que ocupa el barco en el agua, el decir bueno este es el espacio en el que vivo, camino, duermo, viajo, como, y después de eso esta el agua. Hay un sentimiento de ser un pequeño mundito flotante, una desconexión con el mundo a tierra que se ve desde lejos, pero al mismo tiempo una conexión distinta y más fuerte con todo alrededor, la naturaleza, el agua y su constante cambio. Para mí esas semanas fueron de aprender esa forma distinta de experimentar el mundo viviendo en el agua. Fue entonces cuando pasaron los días flotando que comprendí lo ligero que podemos llegar a ser pero también fui consciente de lo mucho que pesamos.

 

Vivir a bordo de un velero es vivir flotando.

 

Por tres semanas aprendí en inglés lo básico de los veleros, los nombres de las velas, las partes de los barcos, los nombres de las cuerdas y cual sirve para cada vela, para alzarla y controlar la velocidad del velero, aprendí también de nudos y que cada cosa tiene un nombre distinto solo por pertenecer a un barco. Aprendí el lenguaje de la navegación pero sobre todo aprendí el lenguaje del viento, que un velero es porque el viento, y yo fui porque el viento también. 

 

Vivir a bordo de un en velero es saber reconocer la dirección y fuerza del viento. 

 

Siempre me preguntan si me mareo, es una de las más grandes inquietudes que tienen las personas al hablar de vivir en un barco. Yo no me mareo pero tengo incomodidad el primer día de navegar, me siento débil y si hay mucho movimiento no cocino, ni leo, ni nada, solo estoy afuera en la brisa. Hay sin embargo muchos factores y muchas respuestas distintas a la pregunta del mareo. Se supone que todos en cierto punto podemos llegar a mareamos pero el límite para cada persona es distinto. Conozco personas que se marean y que viven en barcos pero depende del tipo de barco, la fuerza del viento, el tipo de olas y que dirección que tengan. Las personas que se marean me han dicho que se acuestan en piso, lo más cercano al agua, otras toman medicamentos, y otras se han ido acostumbrando a vivir así, pues el mareo no es todo el tiempo si no en ciertas circunstancias.

 

Vivir en un barco es vivir en movimiento constante. 

 

He estado conviviendo en los últimos siete meses con todo tipo de personas, algunos con un nivel económico promedio, y otros que prácticamente pudieran comprar cualquier cosa que quisieran…  y sin embargo en un barco todos cargamos con ciertas pertenencias que caben y no más. Las prioridades son muy distintas en la vida de los “marineros”. Pablo, por ejemplo, así como Bob capitán de Gaia fueron dueños exitosos de empresas en Estados Unidos. Crearon sus propios negocios, vivieron una vida de lujos y excesos, fueron dueños de carros, propiedades, y cosas. Ambos un día simplemente se cansaron de ese estilo de vida y vendieron todo, se compraron un velero y se fueron a vivir al mar.
En este tiempo he utilizado no más de 4 shorts, 6 playeras, y dos trajes de baño, tengo un par de sandalias y uno tenis…  es lo único que necesito.

 

Vivir a bordo de un velero significa vivir con pocas pertenencias.

 

Por otra parte no me costó mucho descubrir las desventajas que tiene este tipo de vida. En primer lugar, hay un apego al barco, una ves que se es dueño de un barco hay una “preocupación” constante por el. En segundo lugar es que puede llegar a ser muy caro, alguien me dijo “es como un hueco en el oceano donde tiras dinero”. En tercer lugar es que todo gira alrededor del barco, esa es la prioridad. Y por último es que es constante trabajo, siempre hay algo que arreglar e incluso las cosas más simples como conseguir agua consumen energía y tiempo.

 

Vivir a bordo de un velero es trabajo y vacaciones todo al mismo tiempo.

 

Algo curioso que me pasó es que escuchar las conversaciones entre “la gente de los barcos” me recordó tanto a estar en el rancho de mi abuela, donde mis tíos que son campesinos hablan todo el tiempo del clima, la tierra, las plantas. Entre los marineros se habla de la luna, se pone atención a los cambios en las olas, la temperatura, el clima…  se habla también de peces, de corales, de cielo, o de la visibilidad del agua.

 

Vivir a bordo de un velero es hablar del clima.

 

La vida en un velero incluye trabajo físico, se siente uno muy presente pues se usa el cuerpo de formas distintas, además de practicar deportes acuáticos, nadar, bucear, largas caminatas cuando llegas a tierra. Viviendo en un velero uno se vuelve sensible a los ciclos del propio cuerpo y a los ciclos de la naturaleza. Yo me descubrí más llena de algo salvaje.

 

Vivir a bordo de un velero es vivir descalza. 

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Colgando la ropa abordo de En Pointe, Raiatea, Polinesia Francesa. Photo by: Tom Van Dyke
abril 19 / Veleros

Cuando dijimos: nos hemos alejado de las palmeras, los mares aplaudieron con pájaros y olas. Había un cielo celeste bajo nuestras pestañas.  Lo imposible no ha de ser el camino a la taberna de la orilla. La camisa que palpitaba al viento era nuestra enseña de estrellas…

abril 19 / Polinesia Francesa
Reaparecer en el mundo después del parpadeo de un mes.  Tiempo que fue vivido en “ningún lugar” pues no hubo una noche que se durmiera en las mismas coordenadas geográficas que la noche anterior.

abril 18 / Veleros

Salgo de mi contemplación porque me balanceo de un lado a otro,  pongo la tapa de mi taza. ¡Hay! esos botes turistas que pasan tan cerca y vienen haciendo sus olas y sacudiendo mi café y lanzando a un lado mi baguette con mermelada. Que irrespetuosos ¿no ven que aquí vive gente?  Vuelvo  a ensimismarme…

Hay recuerdos que son como rendijas, son grietas en el tiempo, son puertas… son momentos que evocados nos transportan, son una catarata. Son vivirlos de nuevo. Hoy un recuerdo me inunda.

¿Hay algo que se pueda llamar “inicio”?

1.  Hoy regresé al momento en el que supe por primera vez que alguien había cruzado el atlántico en un barco velero. ¡¿un velero?! ¿El atlántico? ¿Semanas en el mar? ¿Una mujer y… sola? Impresión, incredulidad, asombro, una sacudida y al final una sensación de “DARME CUENTA” de algo.  Yo vivía en San Francisco. Ese día fui en bici a visitar la bahía… ahí abajo del Puente Golden Gate vi los triangulitos blancos que hacían líneas imaginarias en el agua… que impresión, se veían tan pequeños y tan frágiles como barquitos de papel que el viento puede voltear de un soplido.  Y sin embargo era posible…

 

Tambores ahí adentro

Ha, estoy de nuevo en la Polinesia, allá a tierra se ven los chicos que ensayan para la competencia de danza. Se escuchan tambores y ukuleles.  Veo el ensayo de baile como un vecino por encima de la cerca,  pero estoy en uno de esos barquitos que (literalmente) un día navegaba en San Francisco.

¿Qué pasó de ese día en la bahía al momento de ahora que los conecta como si fueran universos paralelos?

2.  Cuando trabajaba en Ginebra, fui a visitar a varios amigos en Alemania. Pao se casó con Daniel y el es de Berlín, pasé una semana con ellos. En una de las cenas, el casi por casualidad mencionó que había sido tripulación en un velero por 6 meses en el Caribe.  Que había renunciado a su trabajo como arquitecto, dejado su casa y todo… que sus antiguos compañeros habían colocado una foto en la oficina de él navegando en el Caribe, con la nota al pie: “mejor empleado del mes” mientras ellos vivían uno de los inviernos más fríos de Alemania.  Volví a sentir ese revoltijo en la pansa. Lo sentí más cerca. Ahora conocía a alguien de “la vida real” que lo había hecho.

 

Hambre de algo

¿Toca el almuerzo entonces? Acá en el barco se sabe que es hora de comer cuando da hambre, pues no hay horarios, y ¿Que importa si es entre semana o fin de semana? Caliento lo restante de la cena de ayer y regreso a donde estaba…

3.  Durante mi estancia en Europa fui encontrando lo que para mí fueron pequeñas señales,  esas coincidencias viajeras que uno intenta leer como los gitanos leen las manos.  Visité Marsella, una ciudad donde el mar es importantísimo, es el puerto más grande del mediterráneo, estuve caminando, viendo los barcos, y supe de un chico que por Internet encontró puesto como tripulación. Olesia, de Ucrania me dijo que se había certificado para “velear” pequeños barcos y después Ola, de Polonia también. Las llene de preguntas, quise investigar pues ahora lo sentía como una posibilidad real.

 

Viene el  sol a la isla

Hemos estado esperando “el clima”, pues es el “invierno polinesio” y ha hecho mucho viento. Allá afuera del arrecife el mar esta agitado. Si en un barco la hora y los días no importan, el dios del clima es el que dicta. Llevo un par de días sin salir ni a la esqui… perdón, sin ir a tierra. Así que agarro el “dinghy” (barquito inflable con motor) y manejo al puerto, salto a tierra y hago un rápido nudo en forma de tiburón.

4. Me voy por otra grieta. Recuerdo estar en República Checa en la cocina de la casa muy vieja donde viví con mis amigos Maga y Rami de Argentina. Reíamos y hacíamos cualquier cosa en Internet, cuando yo dije:   – ¡ya sé que voy a hacer! Como voy a vivir en un velero, justo ahora voy a aprender a hacer nudos. Con actitud seria me metí a Youtube para ver un tutorial… que 5 minutos después abandoné. Reíamos. Sin embargo, ese día “tuve una certeza” como diría Maga. Yo estaba segura de que un día lo haría, no sabía cuándo o cómo pero estaba segura.

 

Salgo del sendero

Camino por la isla y me dirijo a la montaña, – ¡Ia ora na!  – ¡Bonjour!  me encuentro con niños diciéndome “buenos días” en tahitiano y en francés. Empiezo a subir y me dan ganas de salirme del caminito marcado con piedras. Doblo a la izquierda y me pierdo entre los arboles.

5.  Cuando regresé a México me preguntaban qué es lo siguiente que haría… yo entonces respondía con un tono de normalidad: “hmm, me voy a ir a vivir a un barco velero” Soy de la parte centro de México, nunca antes me había subido a un velero, y en el país no hay una cultura de navegar de esta forma. Sonó a una locura entonces, pero yo tenía esa confianza. Llegó enero, hice mi mochila, me despedí y me fui a la costa de México. Decidí hacer un camino diferente, crear mi propia forma de experimentarlo y me lancé al vacío.

 

 Yo Estoy Aquí

Regreso al barco, aprovecho la calma para tocar la guitarra.

Miro alrededor de esos metros cuadrados de madera en los que estoy flotando. Amo la sensación de vivir flotando en agua, agua en movimiento.

Me siento ligera, leve, fugaz, momentánea… como espuma de las olas.

abril 16 / Polinesia Francesa

Despierto, el sonido del mar al chocar con el arrecife es lo primero de lo que soy consciente antes de abrir los ojos. Ha… ¡Si!, pasa un minuto antes de que me recuerde a mi misma: estoy en una isla, vivo en un barco, en medio del Océano Pacífico. Me llamo Tulia.

Navegué en un barquito velero por un mes para llegar a este lado del mundo. Ya pasaron seis meses desde que inicié esta aventura sin saber (literalmente) que rumbo tomaría. Hoy estoy en una isla de la Polinesia Francesa tomando un descanso “a tierra” del barco y un descanso del movimiento constante, hoy despierto en la madrugada en una casita frente al mar y piso el pasto y escucho los grillos…  es  ahora que despierto y me doy cuenta de lo que he pasado… y está pasando.

Intente explicar (no ayudó que fuera en francés) lo que había sido vivir un mes a mar abierto, y como resultado tuve que cambiar de tema, aunque fuera en español hay cosas que no se pueden explicar así nomás…  tal vez si escribiera un poema y me agotara de palabras que de alguna forma pudieran transmitir  la inmensidad, el azul profundísimo, el verdadero silencio, y el infinito de un horizonte. Un día tal vez le encuentre sentido a esos diarios que escribí en el océano, por ahora me parece que todo fue un sueño tan profundo como el mismísimo Pacífico. Y es que un mes en un velero de 9 metros, en un espacio que se convierte en tu pequeño planeta, no solo es un mes… son todas las semanas de ese mes,  es cada día de todas las semanas  y cada hora de cada día del mes… es todo-momento… en el  océano y en movimiento constante.

Desde hace  tiempo quería escribir sobre como es vivir… hmm ¿a bordo?… no, más bien en el borde… de países, de islas, de mundos. Cuando viví en Europa quise escribir para amigos, familia, gente que me pregunta tanto. Sin embargo, lo  postergue porque quería “hacerlo bien” mi perfeccionísmo que se relaciona(ba) a mi gusto por la “investigación científica” me obsesionaban con detalles que nunca dejaron que estuviera lista ni una página. Además porque en la “Vida Profesional” se me ha considerado como gente seria y las gentes serias no escriben de islas o de viajes o de mundos… las gentes serias publican artículos en revistas de investigación.

Hoy no me importa.

Desperté con una indiferencia extraña y cansada de “decisiones”, de pensar y pensar que sigue, que viaje, que isla, que proyecto, que persona, que trabajo, que idioma…  bueno pues hoy puedo bailar y ser la reina del ridículo.

Photo by Tom Van Dyke
Photo by Tom Van Dyke

Pues bien, hoy estoy en Raiatea, la “Isla Sagrada” como es llamada, pues es la isla más misteriosa de la Polinesia. Hace un día y muchos años fue el centro de la cultura y religión de “El triangulo polinesio” que incluye las islas alrededor de Tahití (hoy Polinesia Francesa), Hawai, y Nueva Zelanda. Como menciona el escritor Paul Theroux en “The happy islands of Oceanía”, más que un océano,  el pacífico es como un universo, y un mapa luce como el retrato de la noche, como si el cielo y la tierra se hubieran invertido… así es el pacífico, como el espacio exterior, una inmensidad de vacío lleno de puntitos de islas que tintinean como estrellas.

Aquí en Raiatea es donde llegue de nuevo a un bordecito, a una necesidad de sentarme, sentarme en la tierra y olerla. Tenía  una necesidad de soledad y no hacer nada, quedarme quieta por un momento… pues vivir  en el barco ha sido de muchas cosas, juegos, personas, idiomas y paisajes… pero sobretodo movimiento.  Tanto que no he ido dentro y ver lo que está cambiando, y aunque tengo los lapsos de navegar entre una isla y otra que son lapsos de silencio… el mar me tiene hipnotizada con su profundidad y  cuando despierto ya estoy en otra isla, en otro mundo.

Pensaba en contar como “decidí” ir en barco; cuándo pensé que era imposible, cuando un día agarré mi mochila y me fui a la costa; o como arreglamos los preparativos y las provisiones; cuando descubrí  este tipo de vida y las grandes historias y personajes que he conocido. Quería contarlo desde principio y en orden como mi cerebro

acostumbrado

a la metodología me decía… y luego supe que no, que mi vida es mucho más (o mejor dicho, menos) compleja  que un principio y un orden, que el sentido del tiempo se ha desvanecido entre olas. Así que empiezo con este momento, ahora. Hoy tal vez no sea un artículo con referencias,  ninguna validación de expertos tuvo lugar, y estoy llena de “Bias” (sesgo).   Esta vez se trata solo de la primera palabra. Una palabra que escribo y que comparto sobre este extraordinario viaje en la pequeña isla que muchos llamamos “Tierra”.