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agosto 13 / 30 días de regreso

28 cosas que aprendí en 28 días cruzando un océano

1.- Aprendí a pescar, a limpiar pescado y a comer pescado fresco y crudo.

2.- Aprendí nombres extraños de las partes de los barcos  que tal vez poco importa ya.

3.- Aprendí confiar en la naturaleza, en el mar, y en un completo desconocido.

4.- Aprendí que ya no me importaba que nadie me “entendiera” o parecer lógica.

5.- Aprendí a usar un GPS y cartas de navegación, a saber por donde viene el viento.

6.- Aprendí a soltar la tierra y todas las cosas de la tierra: Internet, FB, comunicación, entretenimiento, español, familia, amigos, historias, una forma de vivir.

7.- Aprendí a hacer del baño con las nalgas al aire (!y directo al mar!)

8.- Aprendía  a que necesito tan pocas cosas para vivir bien.

9.- Aprendí a no dormir ni una noche seguida (manteniendo guaridas de cada 4hrs)

10.- Aprendí a cocinar entre las olas, y aprovechar hasta el último grano de arroz.

11.- Aprendí a valorar cada gota de agua dulce.

12.- Aprendí a bañarme con agua salada en la cubierta de un barco en movimiento en medio del océano.

13.- Aprendí a pasar una tormenta, y que todas las tormentas pasan, todo pasa y se va.

14.- Aprendí a tener miedo, y que no importara, que se dejara pasar.

15.- Aprendí a escuchar una plática con todo el interés, y a escuchar una plática sin el menor interés también (sobre todo si no puedes huir a ningún lugar).

16.- Aprendí a hacerme mejor amiga de un hombre de la generación de mis papás (la otra opción era tirarnos por la borda  uno al otro…)

17.- Aprendí a tocar la guitarra con el libro “Guitarra para tontos”

18.- Aprendí a no-hacer-nada de la manera más divertida posible.

19.- Aprendí a estar en silencio por horas y horas y horas y horas.

20.- Aprendí a dejar de pensar (cuando acabe con todos los pensamientos posibles).

21.- Aprendí a vivir sin relojes, sin líneas imaginarias que separen  minutos o países.

22.- Aprendí a amar a alguien alegremente a la distancia.

23.- Aprendí de mi cuerpo, me hice más consciente de cada parte de él.

24.- Aprendí del erotismo en soledad.

25.- Aprendí a dejar las fórmulas, los planes, el control, el futuro, el pasado.

26.- Aprendí a soltar todo, hasta la idea de mi misma.

27.- Aprendí a confiar plenamente en la vida, es decir, en el corazón.

28.- Aprendí que no era necesario un viaje al mar para aprender todo esto, que siempre había estado ya en mí. (salvo por la habilidad de hacer popo al mar, claro).

Photo: Tom van Dyke – Capitán de En Pointe y fotógrafo.  En algún lugar entre México y la Polinesia Francesa.

#30díasdeRegreso

agosto 11 / 30 días de regreso

El camino de vuelta ya está señalado con migajas de pan sobre el mar. Necesité casi treinta días para arrancarme de un cuerpo, empiezo treinta días para volver a arrancarme de otro cuerpo: el de Nueva Zelanda, el del invierno, el de las ciudades limpias y verdes y las calles serenas, de los andares despreocupados de un pueblo tranquilo y fresco.

Porque a veces necesito exprimirme a mí misma como un enorme grano lleno de pus. Así se siente de satisfactorio: sacar eso que se está por dentro cociendo, burbujeando, a veces incluso pudriéndose e hinchándose hasta que no cabe más. Siento el vacío y el viento y el borde que se vuelven a acercar, o yo me acerco a él. Me propongo no olvidar olvidándolo todo.
Lo que estamos haciendo de los días, lo que estamos haciendo de los días es echarnos a la alfombra con los perros, hacernos un ovillo, lamernos las orejas y las bocas, bostezar, mirar al cielo. Veo de forma enfermiza y alegre el cuarto donde dormimos y digo: estoy viviendo.
A veces, hay que aceptar que ninguna palabra con la que llené esos cuadernos naranja fue escrita para ser dicha. Lo quemo en un acto seductor y de miedo, más que por el olvido es por el recuerdo. De que las cosas sagradas están en el hueco, en la ceniza, en el viento. Hay que volver a mirarse cada vez, cada noche para comprobar la extrañeza de los cuerpos, para comprobar que lo que hacemos es amor y no ritual, pero también hay ritual en el amor y amor en el ritual, de eso no hay duda.

Habité todas las casas que necesité para sanar, para vivir silenciosa y anónima. Habité todos los días en este país lejano porque lejano parecía todo, esta especie de enfermedad antigua incapacidad para no reconocer nada, enfermedad o liberación es lo mismo, y locura también. Me he sanado con las ramas, las olas, con Italia, con borregas, con islas, con besos, casas y perros, con sueños, con amigos y desconocidos, con mujeres y hombres, reconociendo de nuevo cada nombre, no por su nombre pero por el anhelo de prendernos de ellos, de los nombres como de los sueños. Me he sanado mientras dormía y no lo sabía. Es hora de regresar a casa, bueno, lo que se dice casa pero es mi madre, mi hermana, mi abuela, es decir el cuerpo de hija, de hermana de nieta. Un día quise desaparecer y lo he hecho. Me pasaron tres años, me atravesó por el centro cada uno de todos sus días. Quiero llorar cuando me doy cuenta del tiempo, no, cuando me doy cuenta de que no ha pasado el tiempo y sin embargo han sucedido todas las cosas por contar… como ahora, contar para atrás, sólo porque en el mundo hay que seguir amando (y contando).

#30díasdeRegreso

Desafío creativo de escritura en 30 días. Esta vez, en cuenta regresiva…

abril 9 / Poesía
mayo 14 / Desafío Sweet

Los veleros están partiendo, los veleros aparecen debajo de las piedras, los marineros salen como hormigas después de invierno, salen de sus caparazones de madera el muelle vibra una tensión eléctrica  todos se preparan.

Ambiente de algo que esta a punto de pasar,
se contiene la respiración
antes de dar otro salto al agua
profundo
cierra abre los ojos
el instante antes de…

Velas que se alzan, es hora de repartir tréboles de cuatro hojas, oler el viento, inspeccionar nubes, preguntar a los peces… esperar las señales de los pájaros, las palmeras desaparecen por debajo de las olas.

Es tiempo de partir ¿Vienes?
Sube abordo, ayuda a soltar las cuerdas de proa, ponte el traje y cúbrete de sal.

Acabo de rechazar una invitación para ir a Fiji como tripulación en un velero (Altimar Catamaran). Los marineros están saliendo de los recónditos costados de Nueva Zelanda, me los he encontrado toda la semana de la manera más espontanea: me llaman, me escriben e incluso en el supermercado de un pueblo donde vivo.

Un mail repentino de alguien que conoce a alguien que me conoce: – Estamos anclados a un lado de Miss Goodnight necesitamos tripulación para ir a Fiji. – Dije No.

Voy al supermercado: los chicos de Hungría me reconocen, tienen anclado su barco más al norte… que sorpresa! se preparan para ir a Vanuatu.

Tom se va a Nueva Caledonia, mi amiga Zuleika en su hermoso barquito dice Vanuato. Ian el que vino desde antártica dice yo me voy hasta el Japón… Miss Goodnigth va a Tonga, Reina Margarita a Fiji… otros ya partieron para Alaska…

Les haré señas desde el puerto con la mano y les tiraré flores. Escribiré sobre ellos, seguiré sus aventuras acá.  Tal ves los alcanzo en alguna otra isla, tal vez no. Y estoy feliz por ello, por no saber con exactitud cuando volveré abordo y saber también que siempre están ahí.

Porque no quiero congelarme en ninguna forma, encerrarme en un concepto de mi misma, decir esto soy, ponerme una definición.

No soy viajera: solo he viajado
No solo soy enfermera: esa es la profesión que estudié
No soy marinera: solo he navegado

Hay apertura para decir esto ha sido parte de mi vida pero no me identifico con ninguno de los personajes (aunque el  del “buscador” sea el más sutil). Los disfruto todos, puedo abrazarlos o caminar lejos de ellos.

Soltaré sus lineas desde el muelle esta vez.  Para mí no es temporada aún. La vida me ha dado una casita en las montañas donde veré pasar el invierno entre neblina y río, pescaré y contaré ovejas para dormir en el frío mientras todos huyen hacia la calidez de las islas… Esto  es lo que se expresa este momento, con una alegría  suavecita y constante… ya buscaré como calentarme los pies fríos.

…Los veleros que parten a distribuir mi alma por el mundo /
Volverán convertidos en pájaros /
Una hermosa mañana alta de muchos metros /
Alta como el árbol cuyo fruto es el sol /
Una mañana frágil y rompible /
A la hora en que las flores se lavan la cara /
Y los últimos sueños huyen por las ventanas /

*Fragmento de Altazor, Vicente Huidobro

¿Qué es el Desafío Sweet?

Es una Dinámica Creativa que se originó en Caminomundos.  El desafío es escribir una entrada de Blog durante 16 días seguidos teniendo una meta que va más allá de la escritura.

AQUÍ:

16 Posts/Escritos personales para… simplemente por hacerlo.
16 Acciones para promover o movilizar un negocio de consultoría de investigación.
2 Idiomas
Un “veamos que pasa”

abril 16 / Polinesia Francesa

Despierto, el sonido del mar al chocar con el arrecife es lo primero de lo que soy consciente antes de abrir los ojos. Ha… ¡Si!, pasa un minuto antes de que me recuerde a mi misma: estoy en una isla, vivo en un barco, en medio del Océano Pacífico. Me llamo Tulia.

Navegué en un barquito velero por un mes para llegar a este lado del mundo. Ya pasaron seis meses desde que inicié esta aventura sin saber (literalmente) que rumbo tomaría. Hoy estoy en una isla de la Polinesia Francesa tomando un descanso “a tierra” del barco y un descanso del movimiento constante, hoy despierto en la madrugada en una casita frente al mar y piso el pasto y escucho los grillos…  es  ahora que despierto y me doy cuenta de lo que he pasado… y está pasando.

Intente explicar (no ayudó que fuera en francés) lo que había sido vivir un mes a mar abierto, y como resultado tuve que cambiar de tema, aunque fuera en español hay cosas que no se pueden explicar así nomás…  tal vez si escribiera un poema y me agotara de palabras que de alguna forma pudieran transmitir  la inmensidad, el azul profundísimo, el verdadero silencio, y el infinito de un horizonte. Un día tal vez le encuentre sentido a esos diarios que escribí en el océano, por ahora me parece que todo fue un sueño tan profundo como el mismísimo Pacífico. Y es que un mes en un velero de 9 metros, en un espacio que se convierte en tu pequeño planeta, no solo es un mes… son todas las semanas de ese mes,  es cada día de todas las semanas  y cada hora de cada día del mes… es todo-momento… en el  océano y en movimiento constante.

Desde hace  tiempo quería escribir sobre como es vivir… hmm ¿a bordo?… no, más bien en el borde… de países, de islas, de mundos. Cuando viví en Europa quise escribir para amigos, familia, gente que me pregunta tanto. Sin embargo, lo  postergue porque quería “hacerlo bien” mi perfeccionísmo que se relaciona(ba) a mi gusto por la “investigación científica” me obsesionaban con detalles que nunca dejaron que estuviera lista ni una página. Además porque en la “Vida Profesional” se me ha considerado como gente seria y las gentes serias no escriben de islas o de viajes o de mundos… las gentes serias publican artículos en revistas de investigación.

Hoy no me importa.

Desperté con una indiferencia extraña y cansada de “decisiones”, de pensar y pensar que sigue, que viaje, que isla, que proyecto, que persona, que trabajo, que idioma…  bueno pues hoy puedo bailar y ser la reina del ridículo.

Photo by Tom Van Dyke
Photo by Tom Van Dyke

Pues bien, hoy estoy en Raiatea, la “Isla Sagrada” como es llamada, pues es la isla más misteriosa de la Polinesia. Hace un día y muchos años fue el centro de la cultura y religión de “El triangulo polinesio” que incluye las islas alrededor de Tahití (hoy Polinesia Francesa), Hawai, y Nueva Zelanda. Como menciona el escritor Paul Theroux en “The happy islands of Oceanía”, más que un océano,  el pacífico es como un universo, y un mapa luce como el retrato de la noche, como si el cielo y la tierra se hubieran invertido… así es el pacífico, como el espacio exterior, una inmensidad de vacío lleno de puntitos de islas que tintinean como estrellas.

Aquí en Raiatea es donde llegue de nuevo a un bordecito, a una necesidad de sentarme, sentarme en la tierra y olerla. Tenía  una necesidad de soledad y no hacer nada, quedarme quieta por un momento… pues vivir  en el barco ha sido de muchas cosas, juegos, personas, idiomas y paisajes… pero sobretodo movimiento.  Tanto que no he ido dentro y ver lo que está cambiando, y aunque tengo los lapsos de navegar entre una isla y otra que son lapsos de silencio… el mar me tiene hipnotizada con su profundidad y  cuando despierto ya estoy en otra isla, en otro mundo.

Pensaba en contar como “decidí” ir en barco; cuándo pensé que era imposible, cuando un día agarré mi mochila y me fui a la costa; o como arreglamos los preparativos y las provisiones; cuando descubrí  este tipo de vida y las grandes historias y personajes que he conocido. Quería contarlo desde principio y en orden como mi cerebro

acostumbrado

a la metodología me decía… y luego supe que no, que mi vida es mucho más (o mejor dicho, menos) compleja  que un principio y un orden, que el sentido del tiempo se ha desvanecido entre olas. Así que empiezo con este momento, ahora. Hoy tal vez no sea un artículo con referencias,  ninguna validación de expertos tuvo lugar, y estoy llena de “Bias” (sesgo).   Esta vez se trata solo de la primera palabra. Una palabra que escribo y que comparto sobre este extraordinario viaje en la pequeña isla que muchos llamamos “Tierra”.