Etiqueta: Vivir en velero

agosto 13 / 30 días de regreso

28 cosas que aprendí en 28 días cruzando un océano

1.- Aprendí a pescar, a limpiar pescado y a comer pescado fresco y crudo.

2.- Aprendí nombres extraños de las partes de los barcos  que tal vez poco importa ya.

3.- Aprendí confiar en la naturaleza, en el mar, y en un completo desconocido.

4.- Aprendí que ya no me importaba que nadie me “entendiera” o parecer lógica.

5.- Aprendí a usar un GPS y cartas de navegación, a saber por donde viene el viento.

6.- Aprendí a soltar la tierra y todas las cosas de la tierra: Internet, FB, comunicación, entretenimiento, español, familia, amigos, historias, una forma de vivir.

7.- Aprendí a hacer del baño con las nalgas al aire (!y directo al mar!)

8.- Aprendía  a que necesito tan pocas cosas para vivir bien.

9.- Aprendí a no dormir ni una noche seguida (manteniendo guaridas de cada 4hrs)

10.- Aprendí a cocinar entre las olas, y aprovechar hasta el último grano de arroz.

11.- Aprendí a valorar cada gota de agua dulce.

12.- Aprendí a bañarme con agua salada en la cubierta de un barco en movimiento en medio del océano.

13.- Aprendí a pasar una tormenta, y que todas las tormentas pasan, todo pasa y se va.

14.- Aprendí a tener miedo, y que no importara, que se dejara pasar.

15.- Aprendí a escuchar una plática con todo el interés, y a escuchar una plática sin el menor interés también (sobre todo si no puedes huir a ningún lugar).

16.- Aprendí a hacerme mejor amiga de un hombre de la generación de mis papás (la otra opción era tirarnos por la borda  uno al otro…)

17.- Aprendí a tocar la guitarra con el libro “Guitarra para tontos”

18.- Aprendí a no-hacer-nada de la manera más divertida posible.

19.- Aprendí a estar en silencio por horas y horas y horas y horas.

20.- Aprendí a dejar de pensar (cuando acabe con todos los pensamientos posibles).

21.- Aprendí a vivir sin relojes, sin líneas imaginarias que separen  minutos o países.

22.- Aprendí a amar a alguien alegremente a la distancia.

23.- Aprendí de mi cuerpo, me hice más consciente de cada parte de él.

24.- Aprendí del erotismo en soledad.

25.- Aprendí a dejar las fórmulas, los planes, el control, el futuro, el pasado.

26.- Aprendí a soltar todo, hasta la idea de mi misma.

27.- Aprendí a confiar plenamente en la vida, es decir, en el corazón.

28.- Aprendí que no era necesario un viaje al mar para aprender todo esto, que siempre había estado ya en mí. (salvo por la habilidad de hacer popo al mar, claro).

Photo: Tom van Dyke – Capitán de En Pointe y fotógrafo.  En algún lugar entre México y la Polinesia Francesa.

#30díasdeRegreso

mayo 28 / Veleros
Persimmon es roja y metálica. “Doesn’t take shit from anybody”. Usa mucho maquillaje, le gustan las chicas, y además sale a navegar -casi- con cualquiera. Es una barca pirata, con andar de anchas caderas que se mesen entre olas.

mayo 13 / Diario
 Hace años tuve la sensación de que quería vivir en una isla. La idea me vino de no sé donde como no sé de donde vinieron los barcos o vino L. Las personas a tierra me dijeron que debía de ser muy valiente o algo estúpida.

*De México a Nueva Zelanda en velero. Ahora  transcribo desde tierra los diarios de un año en el mar.

17.Feb.2013
La Cruz de Huanacaxtle, Nayarit. México.

Entre barcos y costas, puertos y muelles, entre que me voy o me quedo, andando. Entre todo ese desmadre de coincidencias y nuevas personas, entre que conocí a un hombre de nombre Tom, que empieza con T como Tulia, como Tita y Tus y Tila allá en casa de mis padres. Entre que me ha dicho: voy a cruzar el pacífico y busco tripulación… la idea de Pablo sobre anunciarme por la radio dio resultado y entrevistamos al capitán del pequeño velero amarillo entre los dos… pero eso ahora no importa demasiado… entre que voy o no voy (pues apenas si lo conocí una vez y quien sabe si lo vuelvo a ver) entre todo eso… Recibí un pequeño mensaje de S el día de ayer: corazón… pienso en ti… quisiera verte un par de líneas para mí sonaron como poesía. Era una de esas tardes ligeras en casa de Aly -y cada uno de los chicos en busca de su propio velero- al día siguiente desperté con un corazón ardiente, inspirada, enamorada. Tenemos diferentes ritmos, y ciclos, y sólo me da curiosidad  cuando coincidiremos y  dónde nos volvamos a encontrar…

***

18.Feb.2013

La primera vez que vi a Tom fue en el barco de Pablo. Vino después de mi llamado por la radio, vino otro hombre también pero no me dio ninguna buena pinta así que me negué… aunque iba hacía sudamericana como yo quería. Vino entonces Tom, nos habló sobre su barco y yo no entendí mucho de términos (para eso le pedí a Pablo que me ayudara con la entrevista). Asumo que no hay ningún suicida y que si alguien quiere atravesar un océano tendrá plena confianza en si mismo como en su barco. Lo único que verdaderamente me importa es la persona y si me siento cómoda con el (pues ya vi que vivir en el velero de alguien se trata de compartir y convivencia antes que todo lo demás).

Lo primero que le dije antes que nada fue: No busco ninguna relación, ni la mínima posibilidad de ésta, ni la idea de algo, nada. Pues no quiero ir en medio del mar con viajes en la mente de si debo interpretar algo o si me siento extraña. (Y lo digo como si de verdad ya me fuera a embarcar en este viaje…) Sorprendido y riéndose me dijo que estaba más que de acuerdo pues no buscaba nada tampoco (pero hay que ser claras con estos marineros). Me dio buena impresión, buena vibra, neutral y tranquilo. También a Pablo le pareció así. Quedamos de ir a velear a una carrera por el día con su amiga- novia Linda. Le hablé por teléfono a mi mamá para suavemente plantearle la idea de su hija yéndose a una isla remota.

***

19.Feb.2013

Fui a velear con Tom y Linda. Esto esta pasando… esta pasando como las cosas que me han sucedido hasta ahora, que pasan sin que me de cuenta, que pasan y cuando volteo a ver, ya estoy allá, ya estoy yendo… ya lo estoy haciendo. Por eso me da impresión, y hasta un poco de miedo, porque así, suavemente, sin complicaciones, casi que sin querer, se están dando las cosas para que vaya al Pacífico, en dos semanas, tres semanas, Polinesia Francesa. Que impresión.

Al final me estoy dando cuenta de que no hay lugar a donde llegar. Ya estoy y siempre he estado en el lugar o situación como para ser plena, estar contenta. El paraíso siempre es donde estoy ahora, no importa donde sea este… No busco nada, me divierto, me gusta ponerme en situaciones que me mueven adentro o me ponen al borde y es dónde sale mi más yo (lo que sea que eso signifique). Sé que tal ves no es necesario hacer todo esto  pero es una forma de … viendo el mundo ver el mundo que llevo dentro.

S me escribió. Estuve muy feliz, como boba ayer y hoy en la mañana que sólo podía estar inmóvil pensando en ella y lo que escribió. Estuve sorprendida… Lo que me recuerda que últimamente mi nombre me da un sentimiento diferente que al de antes, Tulia, a veces ajeno, a veces me da un cariño o ahora como si fuera de una vida pasada, o como si fuera el nombre de alguien más, de alguien a quién conozco bien. 

***

20.Feb.2013

Esto está pasando. Realmente. Tom, Linda y yo fuimos al Octopus Garden dónde trabaja Aly y vaya sorpresa! Aly vino en velero de San Franciso pero resulta que se conoció con Tom y casi fue su tripulación. Coincidencia y buenas señales. Entonces al terminar de cenar, pedimos un vino y brindamos.
So, we are going? / Entonces estamos yendo? Dijo Tom.
Yes, we are going. Si, estamos yendo. Le dije. Salud.

No se qué me causa más exaltación: el hecho de estar haciendo ya planes para mudarme al barco o saber que S me quiere.

Le he escrito:

…¿Al final que importa? si ahora siento intensamente. Te amo de una manera muy libre, sin necesitar, sin agendas, sin querer que las cosas fueran diferentes, sin tenencia. Para mi no importa, al cabo son formas que se transforman… como amistad, hermandad, apasionamiento, ausencia, o enamoramiento… eso no es tan importante.

No hay ningún lugar al que llegar, ni nombre que perder


¿Qué es el Desafío Creativo 

Es una Dinámica  que se originó en Caminomundos.  El desafío es escribir una entrada de Blog durante 30 días seguidos, pueden ser escritos, poemas, fotografías, etc. ¿Te animas?

AQUÍ: Es un experimento de escritura /creatividad donde mezclo mis diarios… a veces escribo del presente y otras veces comparto mis viejos diarios, los que escribí mientras vivía en un velero por un año.

*De México a Nueva Zelanda abordo de En Pointe y otros veleros. Ahora  transcribo desde tierra los diarios de un año navegando en el pacífico.

15 /Feb /2013  –  La Cruz de Huanacaxtle. México

“Enfermera sexy de 26 años
en busca de un velero que
la lleve… a mar abierto”

– Perfecto Tulia estoy seguro de que habrá una fila de marineros en el puerto jajaja.
– Bueno ya, ¿tú que me aconsejas que escriba en mi anuncio?

Pablo el capitán de Romany Star me ayudo a imprimir anuncios para ponerlos en las Marinas. Dice que pruebe anunciando por el radio también. Los veleros se comunican entre sí mediante un red  (Net) de acuerdo al lugar en dónde están, así cada mañana en un sólo canal se reúnen todos, hacen “check in” diciendo el nombre del barco y luego pasan a diferentes temas: Clima (por supuesto el clima!), quien se va, quienes llegan, ventas o intercambios, y tripulación (Crew). En la sección de tripulación uno puede anunciarse y decir a dónde va o los barcos pueden anunciar que buscan crew. Parece formal pero la gente de los veleros es muy relajada, es solo una comunidad de personas (que viven en el agua).

Así llegamos a La Cruz después de dos semanas sin pisar tierra ¿mucho? ¿poco? no lo sé ya. Fuimos anclando en distintas bahías por uno o dos días, y poco a poco subiendo por la costa de Jalisco. El último tramo fue Cabo Corrientes, famoso por sus fuertes vientos y grandes olas. Fueron 36 horas sin detenernos, el velero estaba inclinado hacia un lado y las olas pegaban en la cubierta, todo estaba empapado. ¿sería esto normal?! pensé.  Quise estar afuera, al aire, hay una especie de emoción en todo esto, estoy completamente salada, es oscuridad total, huele a amar y el estrepitoso sonido de las olas al romper en el agua hace que nos comuniquemos a gritos.

¡Tulia a-g-a-r-r-a-t-e muy bien! Me dice Pablo viéndome a los ojos, en tono entre serio y con una ligera sonrisa al ver que estoy agarrada hasta con las uñas de los pies. Es la primera vez que viajamos de noche. En medio de olas de más de metro y medio. Yo no sé mucho de andar en barco, pero dudo que ésta sea una situación cotidiana… Me voy a dormir. No quedaba más, Pablo estaría de guardia toda la noche con este clima… ruedo de un lado a otro, pongo la malla que funciona como pared para no salir volando. Me duermo. Abro los ojos cada par de horas con el corazón palpitante, en la oscuridad las cosas van y vienen, todo revuelto… me siento débil…  duermo de nuevo, despierto, vuelvo a dormir y así hasta el amanecer. Me sentí un poco mal por no ayudar a Pablo pero el está muy orgulloso de mi capacidad para dormir en-cualquier-situación.

Prueba superada: estoy lista para vivir en un velero.

***

16/Feb/2013

El tiempo se termina en Romany Star. Y por supuesto no tengo ni-idea de lo que sigue. Ahora entiendo lo más básico sobre como funcionan las velas y he aprendido a sentir el viento en la nariz y decir si, viene de ésta dirección, es hacía allá. Hoy me dieron ganas de llorar, ¿porque llorar parece algo malo? Sólo es un conjunto de emociones que parecen demasiadas que no caben, entonces quiebran. No sé porqué estoy aquí… sin expectaciones, sin planes… Tal ves ya los sueños dejaron de tener sentido también…

A veces esta ligereza puede chocar a las personas, las que buscan porqués y razones lógicas. A veces a mi también me incomoda un poco no saber destinos, un objetivo último, una razón de peso, algo que diga: estoy en mi camino a la conquista de — pero luego me doy cuenta que, cuando algo en mí quiere tener una lógica es para contestar preguntas de los demás. Porque yo estoy muy bien sin lógicas.

Aquí en la comunidad de marineros hay algo distinto en ese sentido: Nadie tiene mucha lógica… más la que pueda darnos el clima. Gente que se deshace de negocios y se compra veleros, hacen un plan que luego tiran por la borda, piensan voy alrededor del mundo y se detienen a vivir en México, dicen hoy sur, mañana norte… de repente se enamoran y dos barcos se convierten en uno más grande, con floreros y comida más rica. La primera vez que fui a una carrera (Rally) de fin de semana con Steve y Sandra hablábamos de eso:

-Ya te darás cuenta Tulia, la vida de los marineros es así. Los planes se anotan en la arena.

Ahora digo sí, escribo en arena la idea de ir en barco…  Si no aparece algún velero en el cual me sienta cómoda, lo dejo en paz.  Haré mi anuncio por el radio un par de días como mensajes en botellas y que el mar haga con ello lo que quiera.  

Recibe el Diario abordo de un Velero cada... tanto

¿Qué es el Desafío Creativo 

Es una Dinámica  que se originó en Caminomundos.  El desafío es escribir una entrada de Blog durante 30 días seguidos, pueden ser escritos, poemas, fotografías, etc. ¿Te animas?

AQUÍ: 3Es un experimento de escritura /creatividad donde mezclo mis diarios… a veces escribo del presente y otras veces comparto mis viejos diarios, los que escribí mientras vivía en un velero por un año.

mayo 15 / Veleros

– ¿así que nunca te habías subido a un velero?

-No nunca

– ¿y quieres cruzar un oceano en barco?

– Hmm… pues si…

-¡Bueno, al menos sabes nadar!

 

Las personas estaban impresionadas porque yo venía de “la montaña” decían cuando les hablaba de Guanajuato. El vivir en velero  o navegar no es -aún- parte de la cultura en México, aunque en nuestra costa estén los puertos más conocidos para iniciar los viajes que cruzan el Atlántico y el Pacífico.

Yo sin embargo estaba más impresionada con la vida que lleva “la comunidad de marineros”, encontré todo tipo de personas en los barcos, gente con historias asombrosas de cómo llegaron a este estilo de vida, hombres que llevan más de 20 años viviendo en velero, parejas jóvenes que viven-trabajan-viajan de país en país de esta forma, familias con niños (donde los niños nunca han vivido a tierra), personas de diversos orígenes y países.  Descubrí también que la “comunidad de marineros”  es un pequeño grupo de personas alrededor de todo el mundo, se conocen entre sí y aún cuando no se conozcan, siempre se ofrecen ayuda.

 

Vivir a bordo de un velero es tener amigos donde quiera que haya otro velero. 

 

Llegue entonces a viajar y vivir a bordo de Romany Star. Pablo, el capitán necesitaba ayuda para llevar su velero de Barra de Navidad a La Cruz en Nayarit y yo aprendería lo básico de “velear”.  La primera impresión que tuve de un barco fue el reconocimiento del espacio donde se vive, parece todo tan compacto y cada cosa tiene un lugar específico y una forma de acomodarse pues cada rincón del barco esta bien aprovechado.

Después de eso viene el reconocer el espacio que ocupa el barco en el agua, el decir bueno este es el espacio en el que vivo, camino, duermo, viajo, como, y después de eso esta el agua. Hay un sentimiento de ser un pequeño mundito flotante, una desconexión con el mundo a tierra que se ve desde lejos, pero al mismo tiempo una conexión distinta y más fuerte con todo alrededor, la naturaleza, el agua y su constante cambio. Para mí esas semanas fueron de aprender esa forma distinta de experimentar el mundo viviendo en el agua. Fue entonces cuando pasaron los días flotando que comprendí lo ligero que podemos llegar a ser pero también fui consciente de lo mucho que pesamos.

 

Vivir a bordo de un velero es vivir flotando.

 

Por tres semanas aprendí en inglés lo básico de los veleros, los nombres de las velas, las partes de los barcos, los nombres de las cuerdas y cual sirve para cada vela, para alzarla y controlar la velocidad del velero, aprendí también de nudos y que cada cosa tiene un nombre distinto solo por pertenecer a un barco. Aprendí el lenguaje de la navegación pero sobre todo aprendí el lenguaje del viento, que un velero es porque el viento, y yo fui porque el viento también. 

 

Vivir a bordo de un en velero es saber reconocer la dirección y fuerza del viento. 

 

Siempre me preguntan si me mareo, es una de las más grandes inquietudes que tienen las personas al hablar de vivir en un barco. Yo no me mareo pero tengo incomodidad el primer día de navegar, me siento débil y si hay mucho movimiento no cocino, ni leo, ni nada, solo estoy afuera en la brisa. Hay sin embargo muchos factores y muchas respuestas distintas a la pregunta del mareo. Se supone que todos en cierto punto podemos llegar a mareamos pero el límite para cada persona es distinto. Conozco personas que se marean y que viven en barcos pero depende del tipo de barco, la fuerza del viento, el tipo de olas y que dirección que tengan. Las personas que se marean me han dicho que se acuestan en piso, lo más cercano al agua, otras toman medicamentos, y otras se han ido acostumbrando a vivir así, pues el mareo no es todo el tiempo si no en ciertas circunstancias.

 

Vivir en un barco es vivir en movimiento constante. 

 

He estado conviviendo en los últimos siete meses con todo tipo de personas, algunos con un nivel económico promedio, y otros que prácticamente pudieran comprar cualquier cosa que quisieran…  y sin embargo en un barco todos cargamos con ciertas pertenencias que caben y no más. Las prioridades son muy distintas en la vida de los “marineros”. Pablo, por ejemplo, así como Bob capitán de Gaia fueron dueños exitosos de empresas en Estados Unidos. Crearon sus propios negocios, vivieron una vida de lujos y excesos, fueron dueños de carros, propiedades, y cosas. Ambos un día simplemente se cansaron de ese estilo de vida y vendieron todo, se compraron un velero y se fueron a vivir al mar.
En este tiempo he utilizado no más de 4 shorts, 6 playeras, y dos trajes de baño, tengo un par de sandalias y uno tenis…  es lo único que necesito.

 

Vivir a bordo de un velero significa vivir con pocas pertenencias.

 

Por otra parte no me costó mucho descubrir las desventajas que tiene este tipo de vida. En primer lugar, hay un apego al barco, una ves que se es dueño de un barco hay una “preocupación” constante por el. En segundo lugar es que puede llegar a ser muy caro, alguien me dijo “es como un hueco en el oceano donde tiras dinero”. En tercer lugar es que todo gira alrededor del barco, esa es la prioridad. Y por último es que es constante trabajo, siempre hay algo que arreglar e incluso las cosas más simples como conseguir agua consumen energía y tiempo.

 

Vivir a bordo de un velero es trabajo y vacaciones todo al mismo tiempo.

 

Algo curioso que me pasó es que escuchar las conversaciones entre “la gente de los barcos” me recordó tanto a estar en el rancho de mi abuela, donde mis tíos que son campesinos hablan todo el tiempo del clima, la tierra, las plantas. Entre los marineros se habla de la luna, se pone atención a los cambios en las olas, la temperatura, el clima…  se habla también de peces, de corales, de cielo, o de la visibilidad del agua.

 

Vivir a bordo de un velero es hablar del clima.

 

La vida en un velero incluye trabajo físico, se siente uno muy presente pues se usa el cuerpo de formas distintas, además de practicar deportes acuáticos, nadar, bucear, largas caminatas cuando llegas a tierra. Viviendo en un velero uno se vuelve sensible a los ciclos del propio cuerpo y a los ciclos de la naturaleza. Yo me descubrí más llena de algo salvaje.

 

Vivir a bordo de un velero es vivir descalza. 

laundryenpointe
Colgando la ropa abordo de En Pointe, Raiatea, Polinesia Francesa. Photo by: Tom Van Dyke
abril 18 / Veleros

Salgo de mi contemplación porque me balanceo de un lado a otro,  pongo la tapa de mi taza. ¡Hay! esos botes turistas que pasan tan cerca y vienen haciendo sus olas y sacudiendo mi café y lanzando a un lado mi baguette con mermelada. Que irrespetuosos ¿no ven que aquí vive gente?  Vuelvo  a ensimismarme…

Hay recuerdos que son como rendijas, son grietas en el tiempo, son puertas… son momentos que evocados nos transportan, son una catarata. Son vivirlos de nuevo. Hoy un recuerdo me inunda.

¿Hay algo que se pueda llamar “inicio”?

1.  Hoy regresé al momento en el que supe por primera vez que alguien había cruzado el atlántico en un barco velero. ¡¿un velero?! ¿El atlántico? ¿Semanas en el mar? ¿Una mujer y… sola? Impresión, incredulidad, asombro, una sacudida y al final una sensación de “DARME CUENTA” de algo.  Yo vivía en San Francisco. Ese día fui en bici a visitar la bahía… ahí abajo del Puente Golden Gate vi los triangulitos blancos que hacían líneas imaginarias en el agua… que impresión, se veían tan pequeños y tan frágiles como barquitos de papel que el viento puede voltear de un soplido.  Y sin embargo era posible…

 

Tambores ahí adentro

Ha, estoy de nuevo en la Polinesia, allá a tierra se ven los chicos que ensayan para la competencia de danza. Se escuchan tambores y ukuleles.  Veo el ensayo de baile como un vecino por encima de la cerca,  pero estoy en uno de esos barquitos que (literalmente) un día navegaba en San Francisco.

¿Qué pasó de ese día en la bahía al momento de ahora que los conecta como si fueran universos paralelos?

2.  Cuando trabajaba en Ginebra, fui a visitar a varios amigos en Alemania. Pao se casó con Daniel y el es de Berlín, pasé una semana con ellos. En una de las cenas, el casi por casualidad mencionó que había sido tripulación en un velero por 6 meses en el Caribe.  Que había renunciado a su trabajo como arquitecto, dejado su casa y todo… que sus antiguos compañeros habían colocado una foto en la oficina de él navegando en el Caribe, con la nota al pie: “mejor empleado del mes” mientras ellos vivían uno de los inviernos más fríos de Alemania.  Volví a sentir ese revoltijo en la pansa. Lo sentí más cerca. Ahora conocía a alguien de “la vida real” que lo había hecho.

 

Hambre de algo

¿Toca el almuerzo entonces? Acá en el barco se sabe que es hora de comer cuando da hambre, pues no hay horarios, y ¿Que importa si es entre semana o fin de semana? Caliento lo restante de la cena de ayer y regreso a donde estaba…

3.  Durante mi estancia en Europa fui encontrando lo que para mí fueron pequeñas señales,  esas coincidencias viajeras que uno intenta leer como los gitanos leen las manos.  Visité Marsella, una ciudad donde el mar es importantísimo, es el puerto más grande del mediterráneo, estuve caminando, viendo los barcos, y supe de un chico que por Internet encontró puesto como tripulación. Olesia, de Ucrania me dijo que se había certificado para “velear” pequeños barcos y después Ola, de Polonia también. Las llene de preguntas, quise investigar pues ahora lo sentía como una posibilidad real.

 

Viene el  sol a la isla

Hemos estado esperando “el clima”, pues es el “invierno polinesio” y ha hecho mucho viento. Allá afuera del arrecife el mar esta agitado. Si en un barco la hora y los días no importan, el dios del clima es el que dicta. Llevo un par de días sin salir ni a la esqui… perdón, sin ir a tierra. Así que agarro el “dinghy” (barquito inflable con motor) y manejo al puerto, salto a tierra y hago un rápido nudo en forma de tiburón.

4. Me voy por otra grieta. Recuerdo estar en República Checa en la cocina de la casa muy vieja donde viví con mis amigos Maga y Rami de Argentina. Reíamos y hacíamos cualquier cosa en Internet, cuando yo dije:   – ¡ya sé que voy a hacer! Como voy a vivir en un velero, justo ahora voy a aprender a hacer nudos. Con actitud seria me metí a Youtube para ver un tutorial… que 5 minutos después abandoné. Reíamos. Sin embargo, ese día “tuve una certeza” como diría Maga. Yo estaba segura de que un día lo haría, no sabía cuándo o cómo pero estaba segura.

 

Salgo del sendero

Camino por la isla y me dirijo a la montaña, – ¡Ia ora na!  – ¡Bonjour!  me encuentro con niños diciéndome “buenos días” en tahitiano y en francés. Empiezo a subir y me dan ganas de salirme del caminito marcado con piedras. Doblo a la izquierda y me pierdo entre los arboles.

5.  Cuando regresé a México me preguntaban qué es lo siguiente que haría… yo entonces respondía con un tono de normalidad: “hmm, me voy a ir a vivir a un barco velero” Soy de la parte centro de México, nunca antes me había subido a un velero, y en el país no hay una cultura de navegar de esta forma. Sonó a una locura entonces, pero yo tenía esa confianza. Llegó enero, hice mi mochila, me despedí y me fui a la costa de México. Decidí hacer un camino diferente, crear mi propia forma de experimentarlo y me lancé al vacío.

 Yo Estoy Aquí

Regreso al barco, aprovecho la calma para tocar la guitarra.

Miro alrededor de esos metros cuadrados de madera en los que estoy flotando. Amo la sensación de vivir flotando en agua, agua en movimiento.

Me siento ligera, leve, fugaz, momentánea…