Una isla visible al mapa

Cuando dijimos: nos hemos alejado de las palmeras, los mares aplaudieron con pájaros y olas. Había un cielo celeste bajo nuestras pestañas.  Lo imposible no ha de ser el camino a la taberna de la orilla. La camisa que palpitaba al viento era nuestra enseña de estrellas…

Necesito volver a escribir, me dije. Me he poblado de islas, pájaros y olas. He construido un mundo en el viento, me he condensado en agua salada. Me he perdido en montañas y encontrado en caracoles. Me he apasionado. Me he desbordado de indiferencia. He vivido para nadar mientras el olor a tierra lo llevé bajo las uñas. He querido no volver nunca, he regresado o fingido regresar, es lo mismo.

Siento que vuelvo a ser visible para un mundo en cuanto llego a ésta gran isla, la primera vez en 8 meses en el océano que puedo señalar dónde en un globo terráqueo. Pero yo quiero contar cuentos de esos lugares invisibles en el pacífico, creo que soy más un punto en el mar que un nombre. No son solo mis cuentos, he conocido a otros marineros en el puerto de Whangarei, que recién llegaron a Nueva Zelanda para resguardarse de la temporada de ciclones. Ha terminado para muchos un viaje, para otros es solo una espera a la siguiente ´ventana de clima´ del próximo año, otros venderán sus veleros, otros los reparan. En este lado del mundo es verano y el viento se renueva mientras en los trópicos acechan los ciclones.

¿Dónde estamos? Nos hemos preguntado, ayer nos reunimos en la noche varios marineros en un barco de metal, rojo, viejo y fuerte que ha venido desde Antártica. Allí estábamos adentro apretados rodeados a una mesa de madera, a media luz, tomando vino tinto que trajo desde Chile, alemanes, mexicanos, brasileños, australianos… afuera tintineaban los mástiles y las guitarras descansaban en cubierta, adentro contábamos cuentos de palmeras y viento. Que alegre sorpresa saber que hemos visitado todos Mopelia, y Vaka Itu, que coincidimos en esas pequeñas islas invisibles. Qué alegría saber que no solo yo me lo pregunto. ¿Por qué vamos al mar para escapar de la tierra y regresamos a tierra para escapar del mar?

…Nos acostumbramos al mar. Aquellos desiertos nos hacen señales en la sangre como pañuelos. En el sosiego del sueño despiertan para poblar nuestros sueños y dicen: ¿Hacia dónde es esa huida? Por sorpresa vislumbramos una caravana de camellos que caminan sobre el agua, oímos los cascabeles, pero nos refugiamos en la quietud de la fantasía y después nos enrollamos el manto como un turbante. Somos marineros con turbantes. Camelleros en los mares. Un duro retiro.

Después de agotar charlas importantes como el clima, los peces, la gente de las islas, empezamos con el tema del trabajo y el dinero, de cómo mantenemos este estilo de vida, de cómo se pagan los gastos del barco, de cómo trabajamos distintos países, otros regresan por tiempos, otros están retirados, otros nos estamos creando. Un tema que da vueltas en nuestras mentes sobre todo ahora que llegamos a una isla donde se usan los zapatos. Preguntas que siempre llaman la curiosidad de la gente  y que esa noche, quizá por el vino o quizá por el ambiente de recién llegados, de nuevos amigos, hablamos animados y de fondo.

A veces me ha dado una extraña necesidad de ser más palpable, consistente, pero luego me resulta ajeno y sin sentido.  ¿Por qué la dualidad? ¿Es que hay dos mundos? Pero sé que son caprichos de la mente. ¡Ha por eso me gustan los marineros! sabemos que tan verdaderas son las velas como el viento que las mueve, como vivir al mar o en la tierra, como el peso o la levedad, como ser visible o invisible.

Mientras los demás seguían enfrascados, yo recordé un fragmento de la carta que envié a una amiga:

A veces me he sentido como un vapor sin formas… Quiero ser como el agua, fluida pero con una consistencia y la capacidad de crear formas, sin congelarme en ningún estado de mi vida… ¿será acaso mucho lo que pido? Quiero condensare a partir de éste vapor que soy y tomar las formas que quiera crear, las que yo elija y las que fluyan conmigo, las que sienta como mías.

Ahora pienso que Yo siempre he sido como el agua.

*Fragmentos del poema “El lenguaje del ave totano” por el poeta árabe Saadi Yousef.

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